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La Biblioteca:textos recopilados o escritos para leer y pensar...

... o no, pero encontrarás biografías de personas raras que con su genialidad o sus bajezas condimentan la Historia; apuntes de cine, arte, literatura y lo que venga; impresiones que nos salieron al paso; y fragmentos literarios. Todo en estos tres rubros:

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Conceptos de los maestros

Particularidades del cine:

1. Su carácter de masas. El film debe ser comprendido por todo el mundo. Lo que obliga a que la escritura cinematográfica tenga claridad y simplicidad. Debe hablar de acontecimientos cercanos y conmovedores. Su extraordinaria conexión con las masas reside en su poder de generalizar y tipificar los fenómenos de la vida y su facultad de representar graficamente los hechos.
2. Su facultad de concreción y su tosquedad. Debe tener un armazón de hierro, preciso y fuerte, sobre el que modelar con sutileza. El arte del detalle expresivo. « Saber utilizar el detalle es una de las bases de la escritura cinematográfica ».
3. Otra particularidad, ligada a su carácter de masas, es su lado espectacular. El cine es, ante todo, un espectáculo. Olvidarse de esto trae como consecuencia que el guión se hunda en la ola de las palabras vertidas por los personajes.
4. Es un arte de acción. La acción del film debe desarrollarse sin discontinuidad, con lógica e impetuosidad. Cada acto debe ser preparado por la lógica del desarrollo ; deben aparecer como una consecuencia natural de toda la cadena de acciones y como expresión de los caracteres que se presentan. La pantalla no deja unos segundos de respiro que puedan sacrificarse a la reflexión : el film va inexorablemente hacia adelante.
5. Laconismo. Una palabra pronunciada en la pantalla « pesa » mucho más que la palabra escrita o teatral. Casi todos los guiones pecan por su prolijidad. Si al ensayar con el actor, el realizador no consigue reducir a la mitad un diálogo demasiado prolijo, inevitablemente, entrarán en juego las tijeras, desfigurando el contenido. Si no quieren tijeras, corten y reduzcan en el papel.
6. Elocuencia plástica. La pantomima y la mímica de un rostro visto en primer plano son los aspectos de nuestro arte que están en la base de la elocuencia. La pantomima crea un sostén para la percepción del film por el espectador, refuerza el peso del diálogo y hace resaltar a veces episodios perdidos en el guión.
7. Montaje. Se puede utilizar como algo más que una necesidad, desde el primer borrador en provecho de la expresión y la riqueza de contenido ; la trama de montaje forma parte orgánica del film. El paso de un episodio a otro debe ser estudiado a fondo. No hay que economizar tiempo ni lugar para concebir un encadenamiento o una unión directa, precisa y convincente, que haga progresar la acción de los episodios.
La ubicación del episodio es importante. Si el autor no está situado en el lugar en que transcurre la escena, ésta no existe para el cine : no ha sido imaginada, el autor no la ha visto. (Mijail Roman)

Billy Wilder:
«Acabo de mencionar el peligro de la banalidad: existe una regla según la cual no hay que mostrar directamente un golpe del destino, una gran emoción. Así pues, cuando alguien le dice a una mujer que acaban de atropellar a su hijo, no dirijo la cámara directamente a su rostro, sino que la muestro desde atrás, con los hombros encogidos y cubriéndose la cara, bañada en lágrimas, con las manos. (...) Traslado su miedo, su pánico, su terrible espanto, a la fantasía del espectador. Bajo ninguna circunstancia permito que se dé la vuelta, de modo que la gente pueda verle la cara. Sólo en su rigidez y en su sobresalto puede percibirse la enormidad de su horror»
(A propósito de Charles Laughton) «Naturalmente, también puede ser terrible cuando un actor durante el rodaje se te acerca y de pronto tiene una idea. No te has esforzado durante meses escribiendo un guión para rechazar de entrada lo elaborado con tanto esfuerzo a causa de una tontería espontánea. Pero en el caso de Laughton esto era completamente distinto. Era un caso afortunado del actor que constantemente está a pleno rendimiento, que constantemente está en un estado de máxima tensión y excitación interpretativa. Y a partir de todo este desbordamiento me ofrecía sus versiones. Esto es lo más bonito que le puede pasar a un director. Es mucho más frecuente encontrarse con el otro extremo, es decir con el actor que es tan modesto, tan tímido, que no aporta nada de sí mismo. Y a un actor de este tipo primero hay que encenderlo. Claro que el modo de interpretar de Laughton también suponía un peligro. Como director había que estar muy alerta para poder frenarlo a tiempo, porque constantemente iba to the hilt, lo que significa que clavaba la espada hasta la empuñadura en su papel. Cuando alguien está tan temerariamente dispuesto a llegar hasta el extremo, naturalmente hay que vigilar que no se estrelle. Pero para eso está el director. De todo lo que Laughton me proponía, con frecuencia tenía que quitar hasta el setenta por ciento porque a menudo era demasiado»

John Howard Lawson
1. El film debe mostrar una acción visible.
2. El conflicto no puede concretarse en divagaciones genéricas que expresen la posición del autor hacia la vida o la sociedad. El film aprovecha gran parte de esta materia porque es esencial para el completo desarrollo de la narración, pero la debe traducir en lenguaje cinematográfico y referirla directamente a la acción que se desenvuelve en la pantalla.
3. El film debe personalizar el conflicto. Los hechos deben individualizarse con personas que observan la acción o participan en ella. Aún cuando el hombre no aparezca, la voz del narrador « individualiza » la imagen, poniéndola en relación con quien la mira.
4. El conflicto provoca una tensión visual.

Del libro «Práctica del guión cinematográfico» de Jean-Claude Carriere y Pascal Bonitzer:
«Un guión no es una novela»
«Que existen reglas, nadie lo duda. Por otra parte, son muy sencillas y pueden resumirse en una sola obligación : cautivar y mantener la atención del espectador. Esta regla vale para todas las historias concebibles e incluso para las no-historias, para las ausencias de historias...Una expresión que no interesa no existe...Si un autor escribe para sí mismo, que no venga a quejarse de estar solo»
«Puede ser cierto, como se lee en los manuales, que se necesite una acción fuerte en los tres primeros minutos, un sobresalto inesperado al final de la segunda bobina, un golpe teatral por aquí, un respiro allá. Pero también es cierto lo contrario. Desde hace mucho tiempo, las reglas dramáticas, como todas las reglas, están siendo violadas»
«Se necesita también, cualquiera que sea el tema de la película, fijar la situación en cada momento. ¿Van los personajes adelantados o retrasados en relación con los espectadores ? Inútil preparar una sorpresa si el público ha adivinado ya todo. ¿En qué punto se encuentra ese inasequible, ese hipotético público ? ¿Siente aún interés por lo que le proponemos o ha salido ya de la sala, o ha cambiado malignamente de cadena ? ¿Es suficientemente clara esta escena ? ¿Es conocida esta palabra por todo el mundo ? ¿Reconoceremos este decorado que sólo hemos visto una vez, de noche ? ¿No es esta répilca demasiado larga o demasiado oscura ? ¿No podría encontrarse una acción que eliminase de este pasaje ese aspecto estático y explicativo ?»
«Así, más vale escribir rápidamente una escena rápida y viceversa. La velocidad de la lectura hará sentir ya la velocidad de la acción o al contrario»
«Para los papeles secundarios, pensar en dar a cada uno «su momento» en el film, la escena en la que se exprese totalmente, en la que llegará hasta lo más profundo de sí mismo»
«No se tema partir de un cliché, de una situación conocida. Trabajándola llegarás a la originalidad, poco a poco. Mientras que buscando a cualquier precio una situación de partida absolutamente original, por ello mismo desconocida, espantosa, se la rechazará poco a poco, se la suavizará, se la redondeará, para terminar, prosaicamente, en lo convencional. Recuérdese la frase de Hitchcock : ‘Vale más partir de un cliché que llegar a él’»
«No anunciar lo que va a verse. No contar lo que se ha visto»
«Decirse a cada instante que la literatura es el enemigo número uno, que todo efecto literario en la escritura irritará al director, que no sabrá cómo transcribirlo. Saber sacrificar hermosas frases, hermosas ideas...»
«Lo mejor es evitar toda descripción de un estado del alma. Hay que intentar hacerlo comprensible por las acciones de los héroes» (Chejov)

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