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biografías
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Historia; apuntes de cine, arte, literatura y lo que venga; impresiones
que nos salieron al paso; y fragmentos literarios. Todo en estos
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Anna Anderson
¿Alexander Palace-Tsarkoe
Selo 18-6-1901?/ Charlottesville, Virginia 02-1984
17 de febrero de 1920. Berlín, Alemania. Una mujer trata de suicidarse
arrojándose desde un puente a las heladas aguas del Spree. Es rescatada
por la policía que la traslada a un hospital psiquiátrico
donde la registran como "Fräulein unbekannt" o "Señorita
desconocida" ya que no revela su identidad ni tiene ningún documento.
El único elemento identificatorio es su ropa de empleada de fábrica.
En los días siguientes un paciente advierte que la desconocida, que
ahora dice llamarse Anne Tchaikovsky, es muy parecida a Tatiana Romanov,
miembro de la familia del zar ruso ejecutada dos años antes. Pero
Anne sorprende a todos cuando declara que se parece a Tatiana porque es
su hermana menor, la traviesa y temperamental Anastasia. Escapó de
la muerte ayudada por uno de los soldados del escuadrón de fusilamiento,
un tal Alexander Tchaikovsky. Después se casaron y huyeron juntos
a Bucarest donde su flamante esposo fue asesinado en una pelea callejera.
Esta segunda desgracia le provocó una fuerte crisis emocional. Tras
dejar a su hijo recién nacido en un orfanato, fue a Berlín
a encontrarse con "su tía", la princesa Irene, pero temiendo
que no le creería ni siquiera se atrevió a pedir audiencia.
Entonces, decidió suicidarse. Esta es la historia que Anna contó y
desató una tormenta insospechada. Su condición de paciente
en un psiquiátrico no era un punto a su favor en términos
de credibilidad pero había cosas extrañas que nunca nadie
pudo explicar. En primer lugar, la propia escena de la ejecución
de los Romanov fue tan confusa que suscitó toda clase de teorías
sobre lo que realmente sucedió la noche del 16 de Julio de 1918.
Los zares, sus hijos, el médico del zar y algunos sirvientes fueron
llevados a una habitación y colocados en dos filas. Entró el
escuadrón de fusilamiento y empezó a disparar. Murieron inmediatamente
los padres, una de las hijas, el médico y los sirvientes. Las joyas
familiares que llevaban escondidas bajo la ropa habían funcionado
como chaleco antibalas para tres de las hermanas. Anastasia era una de ellas.
Los soldados dejaron de disparar porque reinaba el caos. La habitación
estaba llena de humo. No se veía nada, sólo se escuchaban
gritos de pánico. Se dice que un soldado remató a Alexei,
el príncipe heredero, de un disparo en la cabeza pero nunca quedó claro
cómo y en qué momento murieron las hermanas restantes. Por
eso, desde el primer día comenzó a tejerse la leyenda. (A
la dcha., Anastasia Romanov)
Unos
creyeron que Anna era sólo una loca y otros una oportunista
que buscaba reclamar la fortuna de los Romanov. Pero algunos le creyeron
y lo curioso es que éstos eran miembros o personas muy allegadas
a la familia real. Como sospechaban los más escépticos, Anna
habló de dinero. Declaró que "su padre", el Zar
Nicolás, había depositado 20 millones de rublos en un banco
de Inglaterra. Esta fortuna era manejada por parientes que inmediatamente
se sintieron amenazados ya que si se probaba que ella era Anastasia, pasaría
a ser la única y legítima heredera. Por otro lado, ella era
el sueño hecho realidad de muchos aristócratas rusos refugiados
en Europa tras la revolución: Anastasia podía abanderar la
reconquista del viejo orden. En ellos, Anna encontró verdaderos aliados.
Ante los ojos de quienes no tenían ningún interés en
juego, aparecían tantos elementos a favor como en contra. Además
de ser, según decían, parecida a Anastasia, para ser sólo
una loca o una oportunista sabía cosas que nadie externo a la familia
podría haber averiguado y menos una simple trabajadora de fábrica.
Por ejemplo, conocía el viaje secreto que el tío de Anastasia,
el alemán Ernst Ludwig von Hesse-Darmstadt, había hecho a
Rusia en 1916 para pedirle al Zar un tratado de paz con Alemania en plena
Primera Guerra Mundial. Von Hesse-Darmstadt negó todo inmediatamente
temiendo ser acusado de "vendepatria" pero en 1949 el coronel
Larski y en 1953 la propia nuera de von Hesse-Darmstadt, admitieron que
el viaje había existido. Algo que sus detractores señalaban
era que, si bien hablaba alemán fluido y algo de inglés y
francés, nunca decía una palabra en ruso. Tanto ella como
sus aliados se justificaban diciendo que no quería hablarlo porque
era la lengua de los "asesinos de su familia" o que el trauma
psicológico le había provocado un bloqueo mental. Sin embargo,
los escépticos decían que no hablaba ruso porque no sabía,
porque era una empleada de fábrica polaca llamada Franciska Schanzkowska
o Schanzkovsky que había desaparecido en Berlín en la misma época
en que ella fue rescatada del agua por la policía, teoría
del detective privado Martin Knopf. La lista de aristócratas que
querían escrutarla era interminable. El más crítico
fue el Gran Duque Alexander Mikhailovich, tío de Anastasia, que tras
una reunión la acusó de hablar ruso con acento polaco. Pero
el primo del Zar, el Gran Duque Andrés, y el hijo del médico
del Zar, Gleb Botkin, sí le creyeron. Este último dijo que
tenía los mismos ojos y que había recordado el hábito
de Botkin de dibujar caricaturas de la gente del Palacio. Anna también
convenció a la hermana de Botkin, Tatiana, y a la Princesa Xenia,
prima de Anastasia. Las tres eran amigas inseparables en la infancia. Otro
fuerte apoyo vino del Embajador danés Herluf Zahle que la examinó a
pedido de la Gran Duquesa Olga Alexandrovna, tía de Anastasia. Él
encontró un asombroso parecido físico así como marcas
y cicatrices similares en los cuerpos de ambas. Además, Anna recordó que "su
tía" la llamaba con el apodo "Shvipsik". Con estos
datos provistos por el Embajador, Olga fue a Berlín a encontrarse
con ella y tras la entrevista dijo "No es quien cree ser". Es
una frase curiosa porque indica que Anna creía realmente en lo que
decía, fuera verdad o una fantasía. La teoría del detective
Knopf de que era la polaca Franciska Schanzkowska hacía agua en un
punto crucial: los hermanos de Francisca, aunque la encontraron parecida
físicamente, tampoco la reconocieron como su hermana desaparecida.
Durante más de 60 años, Anna mantuvo su historia con firmeza,
entre internaciones en institutos mentales y demandas judiciales interminables.
En el camino se cambió el apellido Tchaikovsky por Anderson, se casó con
uno de los que la apoyaban en su cruzada por recuperar su identidad real
o soñada, John E. Manahan, y se trasladó a vivir en Charlottesville,
Virginia (USA). Murió en el mismo mes en que nació su sueño
de ser una Romanov, febrero, de neumonía. Nunca pudo demostrar quién
era. Anastasia, Francisca o alguien más.
En 1991 se desenterraron los restos de la familia Romanov que habían
sido encontrados oficialmente en 1979. Había sólo nueve cuerpos
de los once que supuestamente debería haber. Los forenses determinaron
que uno de los faltantes era el de Anastasia.
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