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... o no, pero encontrarás biografías de personas raras que con su genialidad o sus bajezas condimentan la Historia; apuntes de cine, arte, literatura y lo que venga; impresiones que nos salieron al paso; y fragmentos literarios. Todo en estos tres rubros:

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Agripina la Menor Oppidum Ubiorum c. 15/ Baulos 59 d.C.

Hija de Agripina la Mayor y Julio César Germánico, y hermana de Calígula, Agripina nació en un puesto fronterizo del Rin que más tarde recibiría el nombre de Colonia Claudia Aria Agrippinensis (actual Colonia) en su honor. Se casó y enviudó tres veces. Primero con Cneo Domicio Aenobarbo con quien tuvo su único hijo, Lucio Domicio Aenobarbo. Después con Crispo Pasenio y, finalmente, en el 49 con su tío Claudio, en ese momento emperador. Agripina amaba tanto la política que solía escuchar a escondidas los debates del Senado, donde las mujeres tenían prohibida la entrada. Era ambiciosa y por eso ha sido castigada por los historiadores. Desde luego, no creo que tuviera nada de inmoral soñar con gobernar Roma. Lo único criticable es que no optara por luchar por el derecho de la mujer a ejercer la política sino por el trillado camino de usar a su hijo para triunfar a través de él. Así que la incomprendida Agripina pecó de mediocre, en todo caso.
Cuando Lucio nació, su padre Domicio se limitó a declarar que nada bueno podía haber nacido de ellos dos. Ella luchó con uñas y dientes para torcer todos los malos presagios que rodearon el nacimiento de su pequeño. Una vez casada con Claudio (foto dcha.), lo hizo adoptar por éste, lo casó con su hija Octavia y designó al filósofo y senador de origen español Séneca como preceptor para asegurarle una educación impecable. Así, con tan sólo 12 años, Lucio, el simpático pailón amante de la poesía, los artistas y la música, estaba en el camino de la sucesión y se convertiría pronto en uno de los emperadores más famosos de la historia de Roma: Nerón. Antes de que Británico, el hijo de Claudio y su anterior esposa Mesalina, cumpliera la mayoría de edad y fuera nombrado oficialmente sucesor, Agripina hizo envenenar a su esposo, usando los servicios de la médica y envenenadora top del momento, Locusta. Puede parecer algo salvaje esta forma de hacer política pero así se hacía en Roma, con una extraña mezcla de civilizados debates y oscuros asesinatos (o sea, igual que ahora pero con menos hipocresía). Nerón subió al trono en el 54 pero ella nunca pudo disfrutar su triunfo. Séneca, el preceptor, y Burro, el prefecto del pretorio, la apartaron de la toma de decisiones. Ella reclamó a su hijo una devolución por tantos años y maniobras invertidas en su carrera pero, para entonces, Nerón había cambiado. Sin el consentimiento de los "adultos responsables" se había dado cuenta de que era el emperador y, como tal, no tenía que rendir cuentas ante nadie. Todo, absolutamente todo le estaba permitido. Entonces le hizo a su abnegada madre la mayor demostración de poder que ella pudiera haber imaginado: matarla. El disparador fue la oposición de Agripina a que Nerón se casara con la bellísima Popea. Respaldado por sus consejeros que no veían la hora de deshacerse de la molesta señora, Nerón (foto izquierda) la apartó por completo de su vida, inició una campaña de desprestigio en su contra que no tuvo ningún eco en el pueblo y, finalmente, ideó un plan para asesinarla. La invitó a celebrar las fiestas Quincuatrias en Bayas y para volver le regaló un barco que había sido diseñado para hundirse en la mitad del camino. El plan funcionó a la perfección excepto por el detalle de que Agripina llegó nadando a tierra firme. Entonces, Nerón se hartó de sofisticaciones y la mandó acuchillar. Tres libertos entraron de noche en su cuarto y rodearon su lecho. Uno de ellos le asestó un golpe en la cabeza. Desafiante, ella se descubrió el abdomen y le gritó al que desenvainaba su espada "¡Aquí, dame aquí!", señalándose el vientre donde había gestado a su hijo. Los asesinos se ensañaron para asegurarse de que esta vez no sobreviviera. Tenía 44 años.
Según cuenta Tácito en los Anales, ella había sabido de su muerte muchos años antes. Adivinadores caldeos le habían anunciado que Lucio sería emperador y mataría a su madre. Ella se limitó a contestarles: "Que la mate, con tal de que lo sea".
Por su carácter apasionado e indestructible, doy por sentado que el fantasma de Agripina atormentó por el resto de la vida a Nerón, el niño exquisito que se convirtió en monstruo porque no lo dejaron ser poeta.

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