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biografías
de personas raras que con su genialidad o sus bajezas condimentan la
Historia; apuntes de cine, arte, literatura y lo que venga; impresiones
que nos salieron al paso; y fragmentos literarios. Todo en estos
tres rubros:
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Greta
Garbo
Estocolmo (Suecia) 18-9-1905/New York (USA) 15-4-1990
Enfermizamente tímida y solitaria, Garbo fue la gran estrella del
cine mudo donde se especializó en papeles dramáticos de mujer
fatal, más apasionada y confundida que la inmoral vampiresa al estilo
Theda Bara. Keta (ése era su apodo familiar) nació en un barrio
pobre de Estocolmo donde sus padres habían emigrado del campo en
busca de una vida mejor. Era la menor de tres hermanos y, en el hostil ambiente
familiar creado por su madre, sólo encontró cariño
y entendimiento en su padre que murió cuando ella tenía 14
años. Aunque tuvo diversos empleos precarios para ayudar a la economía
familiar, nunca soñó con otra cosa que no fuera actuar. Era
empleada de unos grandes almacenes cuando apareció por primera vez
ante una cámara en los cortos comerciales "Cómo no vestir" y "Cómo
no comer". Pero aspiraba a más así que tras obtener un
papel en la comedia "Luffar-Peter" de Erik Petschler, se inscribió en
la Academia Real de Arte Dramático de Estocolmo. Allí conoció al
talentoso director Mauritz Stiller que era juez invitado en el examen de
la Academia. A partir de ese día se hicieron inseparables. Stiller
fue su coach, manager, amante, asesor de imagen, maestro de modales y protocolo
e, incluso, nutricionista ya que le diseñó una dieta para
mantener el peso ideal. Garbo escuchó sus consejos y los respetó obedientemente
toda la vida. Stiller le dio el papel de la Condesa Elizabeth en su película "La
leyenda de Gosta Berling" (1924), uno de los clásicos del cine
sueco basado en la novela de Selma Lagerlof. Director y actriz fueron contratados
por Hollywood a donde llegaron en 1925. Louis B. Mayer, jefe de la Metro
Goldwyn Mayer, en realidad, no estaba interesado en Garbo pero la contrató porque
Stiller se lo puso como condición. Después de muchas dudas,
se le dio un papel en el melodrama romántico de 1926, "The Torrent".
El público y los críticos se enamoraron de ella. Su actuación
era completamente diferente a las de todas las actrices del momento y los
críticos trataban de encontrar explicación a su atractivo
porque no era bella en el sentido convencional de la palabra. Stiller, por
su parte, fue dejado de lado. Su método de trabajo era excéntrico
y costoso para los prácticos estadounidenses.
En
su tercera película en EEUU, Garbo trabajó con el súper
galán del momento, John Gilbert y ambos iniciaron un romance que
lo volvería prácticamente loco. Según cuentan, por
pegarle a un ejecutivo del estudio que se estaba refiriendo en malos términos
a la Garbo, Gilbert firmó su sentencia de muerte como actor. Para
colmo, ella lo dejó plantado en un intento de boda y, aparentemente,
nunca quiso hacer el amor con él. Gilbert se volvió alcohólico.
Ni Marlene Dietrich, con quien tuvo un romance, pudo consolarlo y murió en
1936 de un infarto.
La llegada del cine sonoro arrasó con las carreras de muchos actores
pero Garbo superó la prueba cuando dijo su primera frase en una película: "Gimme
a whisky with ginger ale on the side... and don´t be stingy, baby".
La gente la dio el visto bueno a su voz grave con ese sofisticado acento
europeo y así pudo extender su reinado durante la década del ´30.
En 1939 quiso renovarse y se unió a los genios Ernst Lubistch y Billy
Wilder en la inocente humorada sobre la Guerra Fría "Ninotchka".
Demostró ser una excelente comediante y obtuvo una nominación
al Oscar que seguramente habría ganado de no ser porque una de sus
competidoras era Vivian Leigh con "Lo que el viento se llevó".
Su siguiente película fue también la última. "Two-faced
Woman" (1941) fue un duro golpe para ella que no estaba acostumbrada
a las malas críticas porque, de hecho, nunca había recibido
ninguna. Se avecinaban tiempos nacionalistas en EEUU, las europeas misteriosas
estaban pasando de moda, el público pedía modelos más
al alcance de la mano. Garbo decidió cortar por lo sano y se retiró a
los 36 años. Mientras duró su carrera, fue una de las actrices
que mejor negoció con el estudio. Cuando algo no le gustaba decía
su famosa frase "Me parece que me voy a ir a mi casa", refiriéndose
a Suecia, y los ejecutivos corrían desesperados a cumplir sus demandas.
Su personalidad extravagante no era un invento publicitario: era realmente
un bicho raro. Tenía una franqueza casi infantil como demostró cuando
el vestuarista Adrian decidió renunciar a los estudios para dedicarse
al diseño free lance. El esperaba una emotiva despedida ya que habían
trabajado juntos durante años. Sin embargo, Garbo se limitó a
aclararle que nunca le habían gustado sus diseños. También
su curiosidad era infantil. Tenía por costumbre espiar a las demás
celebridades (hay testimonios de estrellas que la descubrieron escondida
tras un arbusto) y a menudo preguntaba para qué servían los
objetos cotidianos a su alrededor como si hubiera venido de otro planeta.
Tenía, además, un gran sentido del humor que la hacía "rodar
por el suelo" de risa con un buen chiste. Estos rasgos de niña
convivían con sus bajones de melancolía, su cansancio perenne,
su descreimiento en el discurso y en la capacidad de amar de las personas
("Nunca nadie extraña a nadie", dijo una vez), su tenaz
independencia y su atractivo sexual. Sedujo y abandonó a los mayores
seductores de su época: John Gilbert, Mercedes D´Acosta y Aristóteles
Onassis. Nunca concedió una entrevista ni hizo declaraciones. Tampoco
asistió a fiestas ni estrenos. Después de retirarse, se recluyó en
un departamento de New York donde pasó el resto de su vida rodeada
por un reducidísimo grupo de amigos y parientes. De vez en cuando,
salía a pasear y haciéndose la distraída se detenía
frente a una vidriera durante largo rato para que los fanáticos pudieran
fotografiarla furtivamente.
Su rostro junto con el de Chaplin, James Dean y Marilyn, comparte el
exclusivo privilegio de significar CINE.
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