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Las primeras palabras:primeras frases de grandes obras

Contra el pánico de la hoja en blanco, un paneo por las primeras palabras de algunas obras inolvidables, sin barreras de género ni limitaciones de estilo. Hacé click en "palabras" para ver todas.

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"La señorita Olimpia"
(Julio Renard)
"Con la vida de la señorita Olimpia Bardeau podría escribirse una novela de costumbres provincianas, pero sería una novela monótona. Lo que la señorita Olimpia hace no es nada variado: dedica todo su tiempo a sacrificarse"
"El fantasma de Canterville (Narración Hilo-Idealista)" (Oscar Wilde) "Cuando el señor Hiram B. Otis, ministro de los Estados Unidos, compró el castillo de Canterville, todos le advirtieron que cometía una locura ya que, sin ninguna duda, todo el lugar estaba embrujado."
"Fausto"
(Johann Wolfgang Goethe)
"ESCENA I
EN EL TEATRO, Director, Poeta teatral y Gracioso.
DIRECTOR: Vosotros dos, que tantas veces en trances de apuro y aflicción me corristeis, decidme qué esperáis en tierras alemanas de nuestra empresa. Mucho desearía yo solazar a la multitud, sobre todo porque vive y deja vivir a los demás. Clavadas están las estacas, armado el tabladillo, y todo el mundo se promete una fiesta. Sentados están ahí ya tranquilamente, enarcadas las cejas y dispuestos a asombrarse. No ignoro el modo de ganarse el favor de los públicos, y, sin embargo, nunca como ahora me sentí tan perplejo; que, en verdad, no están hechos a lo mejor y sólo tienen llena la cabeza de espantables lecturas. ¿Cómo hemos de arreglarnos para que todo resulte fresco y nuevo, y, lleno de sentido, también guste? Que ciertamente me place ver a la muchedumbre cuando en tropel se abalanza a nuestro tinglado y con potente y reiterado empuje ábrese paso por entre las angostas puertas de la Gracia; a plena luz del día, hace ya cuatro, ábrese camino a codazos hasta la taquilla, e igual que en tiempos de hambre se agolpa el gentío a las puertas de la tahonas, así se apretujan aquí ahora, con peligro de romperse el pescuezo para lograr una entrada. Tal prodigio sobre gentes tan diversas sólo el poeta lo alcanza. ¡Hazlo tú hoy, amigo mío!"
"La sirvienta abnegada" (RIP) "Era durante el sitio de París, en 1871.
El entrecot de ratón acababa de subir un diez por ciento, y la menor confitura de lombrices costaba un ojo de la cara.
Los parisienses hacían al mal tiempo buen... estómago, aunque estaban poco entrenados en aquel género de alimentación. (¿He dicho que los restaurantes a precio fijo no existían?)
Pero, qué diablos... La gente se hacía cargo.
En el momento en que empieza este relato -como suele decir Jorge Ohnet- todo animal doméstico acababa de ser declarado animal comestible. Y las alcantarillas constituían el mercado más selecto para el aprovisionamiento de la capital."
"Rastros de carmín"
(Greil Marcus)
"El último concierto de los Sex Pistols.
Rechinar de dientes. Eso oía uno en el momento en que Johnny Rotten hacía sonar sus erres; cuando en 1918 el insumiso Richard Huelsenbeck, hablando a un refinado público berlinés que se había reunido para oír una conferencia sobre una nueva tendencia en las artes, dijo 'estábamos a favor de la guerra y hoy en día el dadaísmo está todavía a favor de la guerra. La vida debe hacer daño..., no hay suficientes crueldades'; cuando en 1649 Abiezer Coppe, miembro de la secta de los vociferantes, desplegaba su Fiery Flying Roll (Bamboleo ardiente y feroz) 'Esto dijo el Señor: Te advierto que te derribaré, te derribaré, te derribaré.'; cuando en 1961 la Internacional Situacionista pronunció una profecía, una 'advertencia a aquellos que construyen ruinas: después de los planificadores urbanísticos vendrán los últimos trogloditas de los suburbios y los guetos. Ellos sí sabrán construir. Los más privilegiados de las ciudades dormitorio sólo sabrán destruir. Mucho podemos esperar del encuentro entre estas dos fuerzas: definirán la revolución'.
Esto oía uno cuando Johnny Rotten hacía sonar sus erres; o, de cualquier manera, eso podía haberse oído"
"Las aventuras de Tom Sawyer"
(Mark Twain)
"CAPITULO I ¡Tom! - Tía Polly reflexiona sobre el cumplimiento de su deber - Tom hace ejercicios de música - El desafío - Regreso clandestino
-¡Tom!
No hubo respuesta.
-¡Tom!
No hubo respuesta.
-¿Qué habrá sido de este chico? ¡Tom!
No hubo respuesta."
"Fahrenheit 451"
(Ray Bradbury)
"PRIMERA PARTE Era estupendo quemar
Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre le latía en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guiñapos y ruinas de la Historia."
"Historia de mi vida" (George Sand) "Mi nacimiento - Primera entrevista con mi abuela - Novelas entre cuatro sillas - Chaillot
Llegué al mundo un 5 de julio de 1804, mientras mi padre tocaba el violín y mi madre llevaba un hermoso vestido rosa. Fue cosa de un minuto."
"La doble inconstancia" (Pierre de Marivaux) "ACTO PRIMERO. Escena primera.
(Silvia, Trivelín y algunas mujeres del séquito de Silvia. Ella parece como enojada)
TRIVELIN: Por favor, Señora, escuchadme.
SILVIA: Me enojáis.
TRIVELIN: ¿Acaso no hay que ser razonable?
SILVIA: No, no hay que serlo, y no lo seré.
TRIVELIN: Sin embargo...
SILVIA: Sin embargo, no quiero atender a razones; y aunque repitáis cincuenta veces vuestro sin embargo, me negaré lo mismo: ¿qué haréis entonces?
TRIVELIN: Anoche cenasteis tan poco que enfermaréis si no tomáis nada esta mañana.
SILVIA: Y yo os digo que odio la salud y me encanta estar enferma. Por lo tanto, ya podéis ordenar que se lleven todo lo que han traído; porque hoy no pienso desayunar, ni almorzar, ni cenar; y mañana, lo mismo; sólo quiero estar enojada, odiaros a todos absolutamente, hasta que haya visto a Arlequín, de quien me habéis separado. Estas son mis pequeñas resoluciones, y si queréis que me vuelva loca, no tenéis más que predicarme que sea razonable, ya veis qué sencillo.
TRIVELIN: Mucho me guardaré, a fe mía, ya veo que sois muy capaz de hacer lo que decís. Permitidme, sin embargo...
SILVIA: (más enojada) ¡Otra vez! ¿de nuevo empezáis con los sin embargos?
TRIVELIN: En verdad, os pido perdón, éste se me escapó, pero ya no diré ninguno más, me coregiré; sólo os pido que consideréis...
SILVIA: ¡Oh! sois incorregible; estas consideraciones tampoco son de mi agrado.
TRIVELIN: (continuando)... que es vuestro Soberano quien os ama.
SILVIA: Yo no se lo impido, es muy dueño; ¿pero acaso tengo que amarle yo? No, no tengo que hacerlo, porque no puedo: es evidente, un niño lo vería, y vos no lo veis.
TRIVELIN: Pensad que hace recaer en vos la elección de una esposa entre cinco súbditas.
SILVIA: ¿Quién le ha dicho que me eligiera? ¿Me ha pedido mi opinión? Si me hubiese dicho "¿Me queréis, Silvia?" le habría respondido: "No, Señor; una mujer honrada debe amar a su marido, y yo no podría amaros". Esto sí que es razonable; pero no, me ama, y patapún, me rapta sin preguntarme si me parecerá bien."
   
 

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