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Los líderes

Hace mil novecientos sesenta y tres años subió al trono de Roma un hombre en el que todos habían depositado sus esperanzas. Era hijo de Germánico, un joven héroe de la patria, tan querido que el día de su muerte la gente tomó las calles enloquecida para apedrear los templos y derribar los altares de los dioses. Era además descendiente de Augusto, el auténtico creador del Imperio como tal, y de Antonio, lugarteniente y "che, pibe" de otro grande, Julio César. Este descendiente de héroes era bello, culto, encantador, joven y fuerte ya que había sido criado en campamentos militares. La gente le llamaba "su estrella", "su polluelo", "su muñequito", "su niño". Los soldados le llamaban cariñosamente... Calígula.
Una noche del año 37, mientras todos imaginaban lo maravilloso que sería el futuro cuando él llegara al poder enumerando sus "evidentes" cualidades como otros contamos ovejitas, el verdadero Calígula corría de puntillas por los pasillos del palacio para ir a asfixiar con la almohada a su tío-abuelo Tiberio, emperador en ese momento, para poder acceder al trono. No bien se hubo cremado el cuerpo rechoncho y enviciado del viejo y después de que el propio asesino recitara entre lágrimas su elogio fúnebre, el pueblo le exigió al Senado que se le otorgaran poderes absolutos al nuevo emperador. La alegría, las fiestas y los sacrificios en su honor duraron tres meses en los que Calígula tomó medidas brillantes al juicio de todos. Amnistías, indemnizaciones, devolución de provincias extranjeras a sus legítimos reyes, nuevos días festivos, combates de gladiadores, regalos y canastas con comida para la plebe, espectáculos circenses que duraban todo el día... todos estaban borrachos de Calígula. Sin embargo, debieron sospechar que algo andaba mal con "su muñequito" cuando hizo pública una de sus primeras extravagancias. Llenó el golfo de Bayas formando un puente con navíos de carga a los que después se cubrió con arena y transitó ese puente de arriba a abajo una y otra vez durante dos días completos. Este absurdo tenía significado en la lógica del emperador: hacía unos años Tiberio había consultado a un astrólogo sobre su sucesor y éste le había dicho que Calígula tenía tantas posibilidades de llegar al trono como de recorrer a caballo el golfo de Bayas. Y eso fue lo que hizo. Esta primera extravagancia era sólo un adelanto de lo que se venía. Durante su reinado organizó torturas que presenciaba mientras comía, abusó de las esposas de sus allegados en su presencia, estatalizó los prostíbulos, nombró consul a su caballo, condenó a muerte a hombres con la única culpa, por ejemplo, de tener mucho pelo porque él se estaba quedando calvo, mantuvo relaciones incestuosas con sus hermanas, dilapidó el dinero del Tesoro en lujos delirantes, se proclamó dios, obligó a nobles a testar en favor del Estado y después les ordenó suicidarse, obligó a padres a asistir a las torturas de sus hijos... fueron cuatro años salvajes que terminaron cuando a la una de la tarde del 24 de enero del 41 fue apuñalado en un pasillo del circo. Allí mismo fue asesinada su esposa y la hija de ambos, aplastada contra un muro para que no quedara descendencia.
La sorpresa y la decepción que todos sintieron fue tan desoladora que aún hoy se puede leer en los diccionarios que "tras los tres primeros meses, Calígula sufrió una enfermedad mental que lo convirtió en un monstruo". La decepción atravesó veinte siglos y aún hoy todos quieren creer que cambió de pronto, que una noche se acostó siendo pimpollo y se levantó siendo demonio. Hoy, día del animal, es un buen momento para recordarlo. Quizá él fue la mayor víctima de esta historia. Quizá fue injusto que la gente viera en él lo que necesitaba ver y no lo que realmente era: un pobre trastornado que creció presenciando las orgías y las ejecuciones de Tiberio. Quizá fue injusto que le otorgaran un poder sin límites a un hombre que de noche se escondía debajo de la cama cuando había tormenta.

por Locusta

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