los links a:
la revista
a nuestro 
al sitio de 
date una vuelta por nuestros...
además:
lamonroe.com.ar
aballay.com
locusta.com.ar
planeta inundado
malena.aballay.com
cancionpura.com
aballay+crichigno
|
... o no, pero encontrarás
biografías
de personas raras que con su genialidad o sus bajezas condimentan la
Historia; apuntes de cine, arte, literatura y lo que venga; impresiones
que nos salieron al paso; y fragmentos literarios. Todo en estos
tres rubros:
elegí la sección para ver los textos pedés disfrutar de las siguientes
secciones
[ Volver
al
índice de " Relatos y +"]
Manifiesto SCUM
Vivir en esta sociedad significa,
con suerte, morir de aburrimiento; nada concierne a las mujeres; pero,
a las dotadas de una mente cívica,
de sentido de la responsabilidad y de la búsqueda de emociones, les
queda una – sólo una – posibilidad: destruir el gobierno,
eliminar el sistema monetario, instaurar la automatización total
y destruir al sexo masculino.
Hoy, gracias a la técnica, es posible reproducir la raza humana sin
ayuda de los hombres (y, también, sin la ayuda de las mujeres). Es
necesario empezar ahora, ya. El macho es un accidente biológico:
el gene Y (masculino) no es otra cosa que un gene X (femenino) incompleto,
es decir, posee una serie incompleta de cromosomas. Para decirlo con otras
palabras, el macho es una mujer inacabada, un aborto ambulante, un aborto
en fase gene. Ser macho es ser deficiente; un deficiente con la sensibilidad
limitada. La virilidad es una deficiencia orgánica, una enfermedad;
los machos son lisiados emocionales.
El hombre es un egocéntrico absoluto, un prisionero de sí mismo
incapaz de compartir o de identificarse con los demás, incapaz de
sentir amor, amistad, afecto o ternura. Es un elemento completamente aislado,
inepto para relacionarse con los otros, sus reacciones no son cerebrales
sino viscerales; su inteligencia sólo le sirve como instrumento para
satisfacer sus inclinaciones y sus necesidades. No puede experimentar las
pasiones de la mente o las vibraciones intelectuales, solamente le interesan
sus propias sensaciones físicas. Es un muerto viviente, una masa
insensible imposibilitada para dar o recibir placer y/o felicidad. En
consecuencia, y en el mejor de los casos, es el colmo del
aburrimiento; sólo es una burbuja inofensiva pues únicamente
aquellos capaces de absorberse en otros poseen encanto. Atrapado a medio
camino en esta zona crepuscular extendida entre los seres humanos y los
simios, su posición es mucho más desventajosa que la de los
simios: al contrario de éstos, presenta un conjunto de sentimientos
negativos – odio, celos, desprecio, asco, culpa, vergüenza, duda – y,
lo que es peor: plena conciencia de lo que es y no es.
A pesar de ser total o sólo físico, el hombre no sirve ni
para semental. Aunque posea una profesionalidad técnica – y
muy pocos hombres la dominan – es, ante todo, incapaz de sensualidad,
de lujuria, de humor: si logra experimentarlo lo devoran la culpa, la vergüenza,
el miedo y la inseguridad (sentimientos tan profundamente arraigados en
la naturaleza masculina que ni el más diáfano de los aprendizajes
podría desplazar). En segundo lugar, el placer que alcanza se acerca
a nada. Y finalmente, obsesionado en la ejecución del acto por quedar
bien, por realizar una exhibición estelar, un excelente trabajo de
artesanía, nunca llega a armonizar con su pareja. Llamar animal a
un hombre es halagarlo demasiado; es una máquina, un consolador ambulante.
A menudo se dice que los hombres utilizan a las mujeres. ¿Utilizarlas? ¿para
qué? En todo caso, y seguramente, no para sentir placer.
Devorado por la culpa, por la vergüenza, por los temores y por la inseguridad,
y a pesar de tener, con suerte, una sensación física escasamente
perceptible, una idea fija lo domina: coger. Accederá a nadar por
un río de mocos, ancho y profundo como una nariz, a través
de kilómetros de vómito, si cree, que al otro lado hallará una
gatita caliente esperándole. Cogerá con no importa qué mujer
desagradable, qué bruja, y, más aún, pagará por
obtener la oportunidad. ¿Por qué? La respuesta no es procurar
un alivio para la tensión física ya que la masturbación
bastaría. Tampoco es la satisfacción personal – no explicaría
la violación de cadáveres y de bebés-.
Egocéntrico absoluto, incapaz de comunicarse, de proyectarse o de
identificarse, y avasallado por una sexualidad difusa, vasta y penetrante,
es psíquicamente pasivo. Al odiar su pasividad, la proyecta en las
mujeres. Define al hombre como activo, y se propone demostrar que lo es
(demostrar que se es un hombre). Su único modo de demostrarlo es
coger (el Gran Hombre con un Gran Pene desgarrando una Gran Concha).
Consciente de su error, debe repetirlo una y otra vez. Coger es pues
un intento desesperado y convulsivo de demostrar que no es pasivo, que
no es una mujer; pero es pasivo y desea ser una mujer.
Mujer incompleta, el macho se pasa la vida intentando
completarse: convertirse en mujer. Por tal razón acecha constantemente, fraterniza, trata
de vivir y de fusionarse con la mujer. Se arroga todas las características
femeninas: fuerza emocional e independencia, fortaleza, dinamismo, decisión,
frialdad, profundidad de carácter, afirmación del yo, etc.
Proyecta en la mujer los rasgos masculinos: vanidad, frivolidad, trivialidad,
debilidad, etc. Preciso es señalar, sin embargo, que el hombre posee
un rasgo brillante que lo coloca en un nivel de superioridad respecto a
la mujer: las relaciones públicas. (Su tarea ha sido la de convencer
a millones de mujeres de que los hombres son mujeres y las mujeres son hombres)
Para el hombre, las mujeres alcanzan su plenitud con la maternidad; en cuanto
a la sexualidad que nos impone, refleja lo que le satisfacería si
fuera mujer.
En otras palabras, las mujeres no envidian el pene, pero los hombres
envidian la vagina. En cuanto el macho decide aceptar su pasividad, se
define a sí mismo como mujer (tanto los hombres como las mujeres piensan
que los hombres son mujeres y las mujeres son hombres) y se convierte en
un travestí, pierde su deseo de coger (o de lo que sea; por otra
parte queda satisfecho con su papel de loca buscona) y se hace castrar.
La ilusión de ser una mujer le proporciona una sexualidad difusa
y prolongada. Para el hombre, coger es una defensa contra el deseo de ser
mujer. El sexo en sí mismo es una sublimación.
Su obsesión por compensar el hecho de no ser mujer y su incapacidad
para comunicarse o para destruir, le ha permitido hacer del mundo un montón
de mierda. Es el responsable de:
La Guerra: El sistema más corriente utilizado por el hombre para
compensar el hecho de no ser mujer (sacar su Gran Pistola) es obviamente
ineficaz: la puede sacar un número limitado de veces y cuando la
saca, lo hace a escala masiva, para demostrar al mundo que es un hombre.
Debido a su impotencia para sentir compasión o para comprender o
identificarse con los demás antepone su necesidad de afirmar su virilidad
a un incontable número de vidas, incluida la suya. Prefiere morir
iluminado por un resplandor de gloria que arrastrarse sombríamente
cincuenta años más.
La simpatía, la cordialidad y «la dignidad»: Cada hombre
sabe, en el fondo, que sólo es una porción de mierda sin ningún
interés. Le domina una sensación de bestialidad que le avergüenza
profundamente; desea no expresarse a sí mismo sino ocultar entre
los demás su ser exclusivamente físico, su egocentrismo total,
el odio y el desprecio que siente hacia los demás hombres y que sospecha
que los demás sienten hacia él. Dada la constitución
de su sistema nervioso muy primitiva, y susceptible de resentirse fácilmente
a causa del más mínimo despliegue de emoción o de sentimiento,
el hombre se protege con la ayuda de un código social perfectamente
insípido carente del más leve trazo de sentimientos o de opiniones
perturbadoras. Utiliza términos como copular, comercio sexual, tener
relaciones (para los hombres, decir relaciones sexuales es una redundancia),
y los acompaña de gestos grandilocuentes.
El dinero, el matrimonio, la prostitución, el trabajo y el obstáculo
para lograr una sociedad automatizada: Nada, humanamente, justifica el dinero
ni el trabajo. Todos los trabajos no creativos (prácticamente todos)
pudieron haberse automatizado hace tiempo. Y en una sociedad desmonetizada
cualquiera podría obtener lo mejor de cuanto deseara. Pero las razones
que mantienen este sistema, basado en el trabajo y el dinero, no son
humanos, sino machistas:
1. La concha: El macho que desprecia su yo deficiente, vencido por una
ansiedad profunda e intensa, y por una honda soledad cada vez que se
encuentra consigo mismo, con su naturaleza vacía, se vincula a cualquier mujer,
desesperado, con la vaga esperanza de completarse a sí mismo, y se
alimenta de la creencia mística de que por el mero hecho de tocar
oro se convertirá en oro; anhela la constante compañía
de la mujer. Prefiere la compañía de la más inferior
de las mujeres a la suya propia o a la de cualquier otro hombre quien sólo
le recuerda su propia repulsión. Pero es preciso obligar o engañar
a las mujeres, a menos que sean demasiado jóvenes o estén
demasiado enfermas, para someterlas a la compañía del varón.
2. Proporcionar al hombre (incapaz de relacionarse con los demás)
ilusión de utilidad, le permite justificar su existencia excavando
agujeros y volviéndolos a llenar. El tiempo ocioso le horroriza pues
dispone de una sola solución para llenarlo: contemplar su grotesca
personalidad. Incapacitado para relacionarse o amar, el hombre trabaja.
Las mujeres anhelan las actividades absorbentes, emocionantes, pero carecen
de la oportunidad o de la capacidad para ello y prefieren la ociosidad o
perder el tiempo a su gusto: dormir, hacer compras, jugar al bowling, nadar
en la piscina, jugar a las cartas, procrear, leer, pasear, soñar
despiertas, comer, jugar consigo mismas, tragar píldoras, ir al cine,
psicoanalizarse, viajar, rescatar perros y gatos, despatarrarse en la playa,
nadar, mirar la T.V., escuchar música, decorar la casa, dedicarse
a la jardinería, coser, reunirse en clubes nocturnos, bailar, ir
de visita, desarrollar su inteligencia (siguiendo cursos), y absorber cultura
(conferencias, teatro, conciertos, películas artísticas).
Así, muchas mujeres, incluso en caso de una completa igualdad económica,
prefieren vivir con hombres o mover el culo por las calles, es decir disponer
de la mayor parte de su tiempo, a pasar varias horas diarias aburriéndose,
estultificadas realizando, para otros, trabajos no creativos embrutecedores
que las convierten en máquinas, o, en el mejor de los casos – si
logran acceder a un buen empleo –, codirigentes del montón
de mierda.
La destrucción total del sistema basado en el trabajo y en el dinero,
y no el logro de la igualdad económica en el seno del sistema masculino,
liberará a la mujer del poder masculino.
3. El poder y el control: No pudiendo dominar a las mujeres por medio
de sus relaciones personales, el hombre aspira al dominio general por
medio de la manipulación del dinero, así como de todo lo susceptible
de ser controlado con dinero, en otras palabras, manipulándolo todo
y a todos.
4. El sustituto del amor: Incapaz de dar amor o afecto, el hombre da
dinero. Se siente maternal. La madre da la leche. Él da el pan. Él
es el Gana-Pan.
5. Proveer al hombre de un objetivo. Incapaz de gozar del presente, el
hombre necesita una meta por delante y el dinero le proporciona un objetivo
eterno.
6. Proporcionar al hombre la máxima oportunidad para manipular y
controlar a los demás: la paternidad.
La paternidad y la enfermedad mental (temor, cobardía, timidez, humildad,
inseguridad, pasividad): Mamá desea lo mejor para sus hijos. Papá sólo
desea lo mejor para Papá, es decir, paz y tranquilidad; desea que
respeten sus caprichos de dignidad, desea presentarse bien (status) y desea
la oportunidad para controlar y manipular a su aire, lo cual se denominará guiar
si se trata de un padre moderno. En cuanto a su hija, la desea sexualmente,
entrega su mano en matrimonio: el resto es para él. Papá al
contrario de Mamá, nunca cede frente a sus hijos pues debe, por todos
los medios, preservar la imagen de hombre decidido, dotado de fortaleza,
de perenne fuerza y rectitud. Nunca alcanza su meta, y, por tanto, le domina
la falta de confianza en sí mismo y en la propia capacidad para lidiar
con el mundo, y acepta pasivamente el status quo. Mamá ama a sus
hijos, aunque a veces se encolerice con ellos, pero la cólera se
evapora en un instante y, aún cuando persista, no obstaculiza el
amor ni una profunda aceptación. Papá, en cambio, emocionalmente
enfermo no ama a sus hijos: los aprueba si son buenos, es decir, si son
simpáticos, respetuosos, obedientes, serviles a su voluntad, tranquilos
y si no provoquen inoportunas alteraciones de ánimo siempre tan desagradables
y molestas para el varonil sistema nervioso de Papá, fácilmente
perturbable. En otras palabras, si son tan pasivos como los vegetales, si
no son buenos – en el caso de un padre moderno, civilizado (a veces
es preferible el bruto furioso anticuado, a quien se puede despreciar por
su ridiculez) – Papá no se enfada pero expresa su desaprobación,
actitud que, a diferencia de la cólera, persiste e impide la aceptación
profunda, dejando en el niño un sentimiento de inferioridad y una
obsesión por la aprobación que durará toda la vida;
el resultado es el temor al propio pensamiento, motivo inductor a buscar
refugio en la vida convencional.
Si el niño desea la aprobación paterna, debe respetar a Papá,
y dado que Papá es una basura, el único medio para suscitar
respeto filial es mostrarse distante, inalcanzable y actuar siguiendo el
precepto según el cual la familiaridad alimenta el desprecio, precepto,
por supuesto, cierto, si se es despreciable. Comportándose de manera
distante y fría puede aparecer como un ser desconocido, misterioso
y, por lo tanto, inspirar temor (respeto).
Desaprobar las escenas emotivas produce el temor a sentir una emoción
fuerte, el temor a la propia furia y al odio, y el temor a enfrentarse con
la realidad, ya que la realidad revela la rabia y el odio; este miedo, unido
a la falta de confianza en sí mismo y al conocimiento a la propia
incapacidad para cambiar el mundo o para conmover aunque sea mínimamente
el propio destino, conduce a la estúpida creencia de que el mundo
y la mayoría de sus habitantes son agradables y que las más
banales y triviales actividades son una gran diversión y producen
un profundo placer.
El efecto de la paternidad en los niños, particularmente, es convertirlos
en Hombres, es decir, defenderlos de todas sus tendencias a la pasividad,
a la mariconería o a sus deseos de ser mujeres. Todos los chicos
quieren imitar a su madre, fusionarse con ella, pero Papá lo prohíbe. Él
es la madre, Él se fusiona con ella; así, ordena al niño,
a veces directamente y otras indirectamente, no comportarse como una niñita,
y actuar como un hombre. El muchacho, que se caga en los pantalones delante
de su padre, que – dicho de otro modo – le respeta, obedece
y se convierte en un verdadero pequeño Papá, el modelo de
la Hombría, el sueño americano: el cretino heterosexual de
buena conducta.
El efecto de la paternidad en las mujeres es convertirlas en hombres:
dependientes, pasivas, abocadas a las tareas domésticas embrutecedoras,
simpáticas, inseguras, ávidas de aprobación y de seguridad,
cobardes, humildes, respetuosas con la autoridad de los hombres, cerradas,
carentes de reacciones, medio muertas, triviales, estúpidas, convencionales,
insípidas y completamente despreciables. La Hija de Papá,
siempre tensa y temerosa, sin capacidad analítica, sin objetividad,
valora a Papá y a los demás hombres con temor (respeto). Incapaz
de descubrir el vacío tras la fachada distante, acepta la definición
masculina del hombre como ser superior, y la definición de la mujer,
y de sí misma, como ser inferior, es decir, como hombres, eso que,
gracias a Papá realmente es.
La expansión de la paternidad, resultado del desarrollo y de la mejor
distribución de la riqueza (que el patriarcado necesita para prosperar)
ha provocado el aumento general de la estupidez y el declive de las mujeres
en los Estados Unidos después de 1920. La estrecha asociación
entre riqueza y paternidad ha servido para que las chicas peor seleccionadas,
es decir las burguesitas privilegiadas, logren el derecho a educarse.
En suma, el papel de los padres ha sido corroer el mundo con el espíritu
de la virilidad. Los hombres poseen el don de Midas negativo: todo cuanto
tocan se convierte en mierda.
La supresión de la individualidad, la animalidad (domesticidad y
maternidad) y el funcionalismo: El hombre es un puñado de reflejos
condicionados: incapaz de reaccionar libremente por medio de su mente, está atado
y determinado completamente por sus experiencias infantiles y del pasado.
Vivió sus primeras experiencias con su madre, y durante toda su vida
está ligado a ella. El Hombre nunca llega a comprender claramente
no ser parte de su madre, que él es él y ella es ella.
Su máxima necesidad es sentirse guiado, abrigado, protegido y admirado
por mamá (los hombres esperan que las mujeres adoren aquello que
los petrifica de horror: ellos mismos). Exclusivamente físico, aspira
a pasar su tiempo (que ha perdido en el mundo defendiéndose sombríamente
contra su pasividad) dedicado a actividades básicamente animales:
comer, dormir, cagar, relajarse y hacerse mimar por Mamá. La Hija
de Papá, pasiva y cabezahueca, deseosa de aprobación, de una
palmada en la cabeza, del respeto del primer montón de basura que
pasa, deja reducirse fácilmente a la categoría de Mamá,
estúpida suministradora de consuelo para las necesidades físicas,
respaldo de los cansados, paño para frentes simiescas, aliciente
para el ego mezquino, admiradora de lo despreciable: una bolsa de agua
caliente con tetas.
Reducidas a la categoría de animal, las mujeres del sector más
atrasado de la sociedad, la clase media privilegiada y educada, despojo
de la humanidad donde papá reina como ser supremo, intenta desarrollarse
por medio del trabajo, y en la nación más avanzada del mundo,
en pleno siglo XX, van de un lado a otro con los críos colgando de
las tetas. ¡Y no es por los niños (aunque los expertos sentencien
que Mamá debe quedarse en casa y arrastrarse como una bestia) sino
por Papá! La teta es para Papá, para que pueda aferrarse,
los sufrimientos del trabajo son para Papá, para que pueda seguir
prosperando (como está medio muerto, necesita estímulos poderosos).
La necesidad de reducir a la mujer a un animal, a Mamá, a un macho,
es psicológica y práctica. El macho es simplemente una muestra
de la especie, susceptible de ser intercambiable por cualquier otro macho.
No posee una individualidad profunda pues la individualidad se origina en
la curiosidad, en aquello que se encuentra fuera de uno mismo, que lo absorbe,
aquello con lo que uno se relaciona. Los hombres, totalmente absorbidos
por ellos mismos, capaces sólo de relacionarse con sus propios cuerpos
y de experimentar únicamente sus sensaciones físicas, difieren
entre sí únicamente por el grado y por la forma de intentar
defenderse contra su pasividad y contra su deseo de ser mujeres.
La individualidad femenina, se impone ante el hombre, pero él es
incapaz de comprenderla, incapaz de establecer un contacto con ella que
lo asusta, le conmociona y llena de espanto y de envidia. Así, la
niega, y se dispone a definir a cualquiera, él o ella, en términos
de función o de uso, asignándose desde luego para sí las
funciones más importantes – médico, presidente, científico – a
fin de darse una identidad, si no una individualidad, y convencer, a sí mismo
y a las mujeres (le ha ido mejor convenciendo a las mujeres) que la función
femenina es concebir y dar a luz a los hijos, relajarse, confortar y alabar
el ego del hombre; que por su función es un ser intercambiable con
cualquier otra mujer. Pero en realidad, la función de la mujer es
comunicarse, desarrollarse, amar y ser ella misma, y resulta irreemplazable
por otra; la función del macho es la de producir esperma. En la actualidad
existen bancos de esperma.
La violación de la intimidad: El hombre, avergonzado de lo que es
y de casi todo lo que hace, tiende bastante a mantener en secreto todos
los aspectos de su vida, pero no guarda ningún respeto por la vida
privada de los demás. Vacío, incompleto, carente de realidad
propia, necesita permanentemente la compañía de la mujer,
y no ve nada de malo en el hecho de inmiscuirse o introducirse en los pensamientos
de la mujer, no importa quien sea, en cualquier parte y en cualquier momento;
pero se siente indignado e insultado si se le llama la atención respecto
a lo que hace, se siente confundido... no puede comprender que alguien pueda
preferir un minuto de soledad a la compañía de cualquier cretino.
Al desear convertirse en una mujer, se esfuerza por estar siempre rodeado
de mujeres – las únicas que lo aproximan a su deseo –;
y se las ingenió para crear una sociedad basada en la familia – una
pareja hombre-mujer y sus hijos (el pretexto para la existencia de la
familia) que, virtualmente, viven uno encima del otro violando inescrupulosamente
los derechos de la mujer, su intimidad, su salud.
El aislamiento, los suburbios y la imposibilidad de la comunidad: Nuestra
sociedad no es una comunidad, es una colección de unidades familiares
aisladas. El hombre se siente desesperadamente inseguro, temeroso de que
su mujer le abandone si se expone ante otros hombres o a algo que remotamente
se parezca a la vida, de modo que intenta aislarla de los otros hombres
y de la mediocre civilización reinante. La lleva a vivir a los suburbios
para encerrarla en un conjunto de pabellones donde parejas con sus hijos
se absorben en una mutua contemplación. El aislamiento le da la posibilidad
de mantener la ilusión de ser un individuo, se convierte en un individualista
rudo, un gran solitario; confunde la individualidad con la claustración
y la falta de cooperación.
Pero hay otra razón para explicar este aislamiento: cada hombre es
una isla. Atrapado en sí mismo, emocionalmente aislado, incapaz de
comunicarse, al hombre le horroriza la civilización, la gente, las
ciudades, las situaciones que requieren capacidad para comprender y establecer
relaciones con los demás. Papá huye, como un conejillo asustado,
se escabulle, y arrastra el rechoncho culo hacia el páramo, hacia
los suburbios. O, en el caso del hippie – ¡Se va lejos, chico! – hacia
el prado donde puede coger y procrear a sus anchas y perder el tiempo
con sus abalorios y sus flautas.
El hippie, cuyo deseo de ser un Hombre, y un rudo individualista, es
más débil que el del término medio de los hombres,
y se excita ante la sola idea de poseer cantidad de mujeres a su disposición,
se revela contra la crueldad de la vida del Gana-Pan y contra la monotonía
de la monogamia. En nombre de la cooperación y del reparto, forma
una comuna o una tribu que, a pesar de sus principios de solidaridad y en
parte por su causa (la comuna, una extensión de la familia, es un
ultraje más de los derechos de la mujer, viola su intimidad y deteriora
su salud mental) no se parece a una comuna más que el resto de la
sociedad.
La verdadera comunidad está formada por individuos – no simples
miembros de una especie o parejas – que respetan la individualidad
y la intimidad de los demás y al mismo tiempo, obran con reciprocidad
mental y emocionalmente – espíritus libres que mantienen entre
sí una relación libre – y cooperan para alcanzar fines
comunes. Los tradicionalistas dicen que la unidad básica de la sociedad
es la familia, para los hippies en cambio es la tribu; nadie menciona
al individuo.
El hippie habla mucho acerca de la individualidad, pero su concepto al
respecto no difiere del que puede tener cualquier otro hombre. Desearía
regresar a la naturaleza, a la vida salvaje; regresar al desierto, reencontrar
el hogar de los animales peludos de los que él forma parte, lejos
de la ciudad, o al menos donde se perciban algunas huellas, un vago inicio
de civilización, para vivir al nivel primario de la especie y ocuparse
en actividades sencillas, no intelectuales: criar cerdos, coger, ensartar
mostacillas. La actividad más importante de la comuna – en
ella se basa – es la promiscuidad. El hippie se siente atraído
por la comuna principalmente porque ofrece la perspectiva de libertad sexual,
la concha libre, la más interesante comodidad para compartir, la
que se puede poseer sin miramientos; pero, ciego y avaricioso, no piensa
en todos los demás hombres con quienes deberá compartirlo,
ni tampoco repara en los celos y la posesividad propia del coñazo
que ellos son, en sí mismos.
Los hombres no pueden cooperar en el logro de un fin común porque
el fin de cada hombre es todas las conchas para sí. De ahí que
la comuna esté condenada al fracaso. Preso del pánico, el
hippie atrapará a la primera mentecata que lo empuje y la arrastrará a
los suburbios lo más rápidamente posible. El macho no puede
progresar socialmente pero, en cambio, oscila entre el aislamiento y
la promiscuidad.
El conformismo: A pesar de desear ser un individuo, el hombre teme cualquier
cosa que pudiera diferenciarlo, aún ligeramente de los demás
hombres; teme no ser realmente un Hombre, una de las sospechas más
perturbadoras es la posibilidad de ser pasivo y estar determinado por la
sexualidad. Si los demás hombres son A y él no lo es, quizás
no sea un hombre; debe de ser un marica. Así, intenta afirmar su
Hombría pareciéndose a otros hombres. Pero cualquier diferencia
constatada en los demás también constituye una amenaza, le
aterra: son ellos, a los maricas a quienes debe evitar a cualquier precio,
y hace cuanto puede para obligarles a recuperar la uniformidad.
El hombre se atreve a ser diferente sólo cuando acepta su pasividad
y su deseo de ser una mujer, su mariconería. El más consecuente
consigo mismo es el travestí. Pero él, a pesar de ser diferente
a muchos hombres, es exactamente igual a todos los demás travestís.
También funcionalista, busca una identidad formal: ser una mujer.
Trata de desembarazarse de todos sus problemas, pero todavía no posee
ninguna individualidad. No está totalmente convencido de ser una
mujer, angustiado por la idea de no ser lo suficientemente hembra, se
adecua compulsivamente al estereotipo femenino creado por el hombre,
terminando por ser un fardo de manierismos acartonados.
Para asegurarse de que es un Hombre, el macho debe asegurarse de que
la hembra es verdaderamente una Mujer, lo contrario de un Hombre, es
decir, que la hembra se comporta como un marica. Y la Hija de Papá, cuyos
instintos femeninos le fueron arrebatados cuando era pequeña, se
adapta fácilmente y por obligación a este papel.
La autoridad y el gobierno: El hombre que, carece del sentido de lo verdadero
y de lo falso, carece de conciencia moral, (sólo puede ser producto
de la capacidad para ponerse en el lugar de los demás) carece de
fe en su yo inexistente, es necesariamente competitivo y, por naturaleza,
incapaz de cooperar, siente la necesidad de una guía y de un control
procedente del exterior. Por lo tanto, inventa a las autoridades – sacerdotes,
especialistas, jefes, líderes, etc.– y al gobierno. Quiere
que la hembra (Mamá) le guíe, pero es incapaz de prestarse
a ello (después de todo, él es un hombre), quiere desempeñar
el papel de la Mujer, usurpar su función de Guía y Protectora,
se encarga de que todas las autoridades sean siempre hombres.
No existe ninguna razón para que una sociedad formada por seres racionales
capaces de cooperar entre sí, autosuficientes y libres de cualquier
ley o condición natural capaz de obligarles a competir, deban tener
un gobierno, leyes o líderes.
La filosofía, la religión y la moral basados en el sexo: La
incompetencia del hombre para relacionarse con los demás o con las
cosas es causa de que su vida carezca de objetivos y sentido (según
el pensamiento masculino la vida es un absurdo), así inventa la filosofía
y la religión. Está vacío, mira hacia afuera, no sólo
en busca de una guía o de un control, sino también de la salvación
y del sentido de la vida. Le resulta imposible realizar la felicidad en
la tierra: inventó el Cielo.
Puesto que no puede comunicarse con los otros, y sólo vive para el
sexo, para el varón el mal es la licencia sexual que le compromete
en prácticas sexuales desviadas (no viriles, es decir, las que no
lo defienden contra su pasividad y sexualidad total, característica
que amenazan, si se las fomenta, con destruir la civilización pues
la civilización está absolutamente basada en la necesidad
del hombre de defenderse contra estas características) en cuanto
a la mujer (según los hombres) el mal radica en cualquier tipo de
comportamiento capaz de inducir a los hombres a la licencia sexual, es
decir impedir a las necesidades del macho estar por encima de las suyas
y negarse a hacerse la loca.
La religión no solamente brinda al hombre un fin (el Cielo) y ayuda
a mantener a la mujer ligada a él, además presenta rituales
mediante cuya práctica el hombre puede expiar la culpa y la vergüenza
experimentada por no ser capaz de defenderse suficientemente contra sus
impulsos sexuales; en especial, se trata de la culpa y la vergüenza
de ser hombre.
La mayoría de los hombres, en su inmensa cobardía, proyectan
sus debilidades intrínsecas en las mujeres; las califican de debilidades
típicamente femeninas y se atribuyen la auténtica fuerza femenina.
La mayoría de filósofos, no tan cobardes, reconocen ciertas
carencias en el hombre; sin embargo no llegan a admitir el hecho de que
estas carencias existen sólo en los hombres. Así, denominan
a la condición del hombre masculina, la Condición Humana;
formulan su problema de la nada, que les horroriza, como un dilema filosófico;
otorgan un nivel de jerarquía a su animalidad, pomposamente bautizan
a su nada Problema de Identidad, y con grandilocuencia proceden a charlar
acerca de la Crisis del individuo, de la Esencia del ser, de la Existencia
que precede a la Esencia, de los Modos Existenciales del Ser, etc. etc.
La mujer, en cambio, no solamente ni se cuestiona su identidad o su individualidad
sino que por instinto sabe que el único mal consiste en herir a los
demás y que el verdadero significado de la vida es el amor.
Los prejuicios (racial, étnico, religioso, etc.): El hombre necesita
víctimas propiciatorias para poder proyectar sobre ellas sus fracasos
y sus insuficiencias, y sobre las que pueda desahogar sus frustraciones
por no ser mujer.
La competencia, el prestigio, el status, la educación formal, la
ignorancia y las clases sociales y económicas: Obsesionado por ser
admirado por las mujeres pero sin poseer ningún mérito intrínseco,
el hombre construye una sociedad artificial que le proporciona una apariencia
del mérito a través del dinero, del prestigio, de la clase
social alta, los títulos, la posición y el conocimiento, relegando
en lo más bajo de la escala social económica y educacional
a la mayor cantidad posible de hombres.
El objetivo de la educación superior no es educar sino excluir a
los demás de las distintas profesiones.
El hombre, aunque capaz de comprender y de utilizar el conocimiento y
las ideas, no puede entrar en relación con ellas, aprehenderlas emocionalmente;
no valora el conocimiento y las ideas de sí mismas (son simplemente
medios para lograr fines) y, en consecuencia, no necesita comunicaciones
de tipo intelectual, no necesita cultivar las facultades intelectuales de
los otros. Por el contrario, su interés es la ignorancia; sabe muy
bien que una población de mujeres inteligentes y conscientes significa
el fin de su reinado. La mujer orgullosa y saludable desea la compañía
de sus iguales a quienes puede respetar y con quienes puede desarrollarse;
el macho y la mujer/macho enfermos, inseguros y carentes de confianza en
sí mismos anhelan la compañía de los parásitos,
de las larvas.
El hombre no puede llevar a cabo una genuina revolución social pues
quienes se hallan en las altas posiciones del poder allí desean permanecer
y quienes están abajo desean ocupar un alto puesto. La rebelión,
entre hombres, es una farsa; vivimos en una «sociedad» masculina
hecha por el hombre para satisfacer sus necesidades. Nunca está satisfecho
pues le resulta imposible. Aquello contra lo cual el hombre rebelde se rebela,
es el hecho de ser hombre. El hombre cambia solamente cuando la tecnología
se lo impone, cuando no le queda otra alternativa, cuando la sociedad alcanza
un nivel en el cual él debe cambiar o morirse. Ahora lo hemos alcanzado;
si las mujeres no mueven rápidamente el culo, corremos peligro de
reventar.
Imposibilidad para la conversación: Dada la naturaleza totalmente
egocéntrica del hombre y su incapacidad para contactar con el exterior,
su conversación, si no versa sobre él mismo, es impersonal,
monótona, despojada de cuanto posea un valor humano. La conversación
intelectual del hombre es un intento forzado y compulsivo para impresionar
a la mujer.
La Hija de Papá, pasiva, adaptable, respetuosa y temerosa del hombre
hasta la reverencia, se deja imponer la hedionda y aburrida cháchara
masculina. A ella no le resulta muy difícil, ya que la tensión
y la ansiedad, la falta de serenidad, la inseguridad y las propias dudas,
la incertidumbre ante los sentimientos y las sensaciones que Papá le
metió en la cabeza, convierten sus percepciones en superficialidad
y le impiden darse cuenta de que la charlatanería del hombre sólo
es charlatanería; como el esteta que aprecia la el espejismo llamado
Gran Arte, está convencida de que la mierda de conversación
que le aburre, le permite desarrollarse. No sólo acepta el dominio
del espejismo; además adapta a ella su propia conversación.
Entrenada desde la más tierna infancia en la simpatía, la
gentileza y la dignidad, halagando la necesidad del varón de disfrazar
su animalidad, la mujer reduce servilmente su conversación a la charla
melosa, insípida y blanda sobre cualquier tópico que esté más
allá de lo más trivial -o, en el caso de ser cultivada, se
quedará en la discusión intelectual, es decir, en el discurso
impersonal acerca de abstracciones irrelevantes: el Producto Bruto Nacional,
el Mercado Común, la influencia de Rimbaud en la pintura simbolista.
Se vuelve tan adepta al halago que eventualmente éste se convierte
en su segunda naturaleza hasta el extremo de continuar halagando a los hombres
aún cuando se encuentre en compañía de otras mujeres.
Aparte de esta faceta de lameculos, la conversación de la mujer está limitada
debido al temor de expresar opiniones generales o desviadas y por un sentimiento
de inseguridad que la encierra en sí misma y le quita encanto. La
simpatía, la gentileza, la dignidad, la inseguridad y la introversión
pocas veces pueden desencadenar la intensidad o el ingenio, dos cualidades
imprescindibles para que una conversación merezca el nombre de tal.
Semejante conversación nunca es exuberante; solamente las mujeres
que confían plenamente en sí mismas, las arrogantes, las extrovertidas,
las orgullosas, las poseedoras de mentes rigurosas, son capaces de mantener
una conversación intensa, audaz, ingeniosa.
La imposibilidad de la amistad y del amor: Los hombres se desprecian
a sí mismos, a todos los otros hombres y a las mujeres que los halagan;
las mujeres lameculos de los machos, inseguras y en busca de la aprobación
masculina, se desprecian a sí mismas y a todas las que son como ellas;
las mujeres-mujeres, autosuficientes, impetuosas, buscadoras de emociones,
sienten desprecio por los machos y por las mujeres-macho lame-culos. Para
ser breves, el desprecio está a la orden del día.
El amor no es dependencia ni es sexo, es amistad, y, por lo tanto, el
amor no puede existir entre dos hombres, entre un hombre y una mujer
o entre dos mujeres, si uno de ellos es un macho lameculos, inseguro
y estúpido.
Al igual que la conversación, el amor solamente puede existir entre
dos mujeres-mujeres seguras, libres, independientes y desarrolladas.
La amistad se basa en el respeto, no en el desprecio.
Incluso entre mujeres desarrolladas, las amistades profundas se dan rara
vez en la época adulta, ya que casi todas ellas se han unido a hombres
para sobrevivir económicamente, o están empeñados en
abrirse camino, a cuchilladas, a través de la jungla e intentar mantener
sus cabezas por encima del nivel de la masa amorfa. El amor no puede florecer
en una sociedad basada en el dinero y en el trabajo mediocre; requiere una
libertad económica y personal total, tiempo para el ocio y la oportunidad
de comprometerse en actividades intensamente absorbentes y emocionalmente
satisfactorias; tales actividades, cuando se comparten con aquellos a
quienes se respeta, desembocan en una profunda amistad. Nuestra Sociedad
no brinda oportunidades para comprometerse en esta clase de actividades.
Después de haber eliminado del mundo la conversación, la amistad
y el amor, el hombre ofrece los siguientes sustitutos mezquinos.
«El gran Arte» y «la cultura»: El artista hombre
intenta compensar su incapacidad para vivir y su impotencia para ser mujer,
construyendo un mundo sumamente artificial en el cual él es el héroe;
es decir, despliega las características femeninas; y la mujer queda
reducida a roles limitadísimos, de insípida subordinada, en
una palabra, queda reducida a hacer de hombre.
El fin del arte masculino no es comunicar (puesto que el hombre es un
ser vacío, nada tiene que decir), sino disfrazar su bestialidad;
recurre al simbolismo y a la oscuridad (temas profundos). La mayoría
de las personas, sobre todo las cultivadas, carentes de confianza en sus
propios juicios, humildes, respetuosos de la autoridad (la traducción
adulta de la frase Papá sabe más es: El critico entiende),
aprenden fácilmente que la oscuridad, la evasividad, la incomprensibilidad,
la ambigüedad y el tedio son las señales de la profundidad y
de la brillantez.
El Gran Arte demuestra que los hombres son superiores a las mujeres,
que los hombres son mujeres; casi todo cuanto cabe bajo la denominación
Gran Arte, tal como las anti-feministas nos lo recuerdan, ha sido creado
por los hombres. Sabemos que se le llama Gran Arte porque las autoridades
nos lo han dicho, y no podemos afirmar lo contrario, pues sólo los
dotados de sensibilidades exquisitas muy superiores a las nuestras pueden
percibir y apreciar su grandeza, la prueba de su sensibilidad superior
es el hecho de apreciar la mierda que aprecian.
Apreciar es cuanto sabe hacer el hombre cultivado; pasivos e incompetentes,
carentes de imaginación y de ingenio, aprecian; incapaces de crear
sus propias diversiones, de crear un pequeño mundo a partir de sí mismos,
de influir mínimamente en su medio ambiente, deben aceptar cuanto
les es dado; incapaces de crear o de comunicarse, actúan de espectadores.
La absorción de cultura es un intento desesperado y frenético
de ser alguien en un mundo sin placer, de escapar al horror de una existencia
estéril e insignificante. La cultura es el maná del ego de
los incompetentes, el medio para racionalizar las expectativas pasivas;
pueden sentirse orgullosos de sí mismos por su capacidad para apreciar
las cosas más finas, ver una joya allí donde sólo hay
mierda (quieren ser admirados porque admiran) Faltos de la más mínima
confianza en su capacidad para cambiar algo, se resignan al status quo,
necesitan extasiarse, ver la belleza en la mierda porque, sólo, mierda
verán.
La veneración del Arte y de la Cultura – aparte de conducir
a muchas mujeres a una actividad aburrida y pasiva que las distrae de otras
más importantes y rentables, y de cultivar capacidades activas, – le
permite al artista mostrarse como el único dotado de sentimientos
superiores, percepciones, visiones, y juicios superiores, minando así la
confianza de las mujeres inseguras en la validez de sus propios sentimientos,
visiones y juicios.
El macho posee una sensibilidad muy limitada y, en consecuencia, son
limitadas sus percepciones, visiones y juicios; necesita al artista para
que le guíe, para que le diga qué es la vida. Pero, dado que
el hombre artista es absolutamente sexual, incapaz de relacionarse con nada
situado más allá de sus propias sensaciones físicas
y nada puede expresar excepto su concepto de la vida, para él carecente
de sentido y absurda; no puede ser un artista. ¿Cómo puede él,
incapaz de vida, decirnos qué es la vida? El macho artista es una
contradicción en sus términos. Un degenerado sólo puede
producir un arte degenerado. El verdadero artista es la mujer saludable
y que confía en sí misma. En una sociedad de mujeres el único
Arte, la única Cultura, será la de las mujeres orgullosas,
excéntricas, que se afirman entre sí con todo el universo.
La sexualidad: El sexo no interviene en una relación, por el contrario,
se trata de una experiencia solitaria, no creativa, una absoluta pérdida
de tiempo. La mujer, con gran facilidad – más de la que ella
misma cree – puede condicionar su impulso sexual, ser completamente
fría y cerebral y libre para perseguir relaciones y actividades más
valiosas; pero el macho, que parece incitar sexualmente a las mujeres y
que constantemente busca excitarlas, arrastra a la mujer muy sexuda al frenesí de
la lujuria, arrojándola a un abismo sexual del cual muy pocas mujeres
logran escaparse. El macho lascivo excita a la mujer lúbrica; tiene
que hacerlo: cuando la mujer trasciende su cuerpo, se eleva por encima de
la condición animal, el macho, cuyo ego consiste en su falo, desaparecerá.
El sexo es el refugio de la estupidez. Cuanto más estúpida
es una mujer, más profundamente encaja en la cultura del hombre;
para resumir, cuanto más encantadora, más sexual. Las mujeres
más bellas de nuestra sociedad provocan el delirio de los maníacos
sexuales. Pero al ser tremendamente atractivas no se rebajan a coger – es
tosco –, hacen el amor, establecen una comunión por medio de
los cuerpos y de las relaciones sensuales; las más literatas afinan
su tono con las palpitaciones de Eros y logran aferrarse al Universo; las
religiosas tienen una comunión espiritual con la Divina Sensualidad;
las místicas se fusionan con el Principio Erótico y se mezclan
con el Cosmos, y las cabezas ácidas entran en contacto con las células
eróticas, vibran.
Por otra parte, aquellas mujeres que no se han integrado tanto en la
Cultura del macho, las menos hermosas, las almas toscas y simples para
quienes coger es coger, y son demasiado infantiles para el mundo adulto
de los suburbios, de las hipotecas, de los lloriqueos y de la caca de
bebés, demasiado
egoístas para cultivar maridos y niños, demasiado inciviles
para respetar a Papá, a los Grandes o a la profunda sabiduría
de los Ancianos; que sólo confían en sus propios instintos
animales, que equiparan la Cultura a la mierda, cuya única diversión
es vagabundear en busca de emociones y excitaciones, que provocan escenas
desagradables, vulgares, desconcertantes; odiosas, violentas brujas dispuestas
a atropellar a cuantos les irritan, que clavan un cuchillo en el pecho del
hombre o le hunden un picahielos en el culo después, si saben que
pueden largarse, en suma, aquellas que, según los parámetros
de nuestra cultura, son SCUM... estas mujeres son desenvueltas y cerebrales
y están dispuestas a la sexualidad.
Liberadas de los prejuicios de la simpatía, de la discreción,
de la opinión pública, de la moral, del respeto a los culos,
siempre horribles, sucias, viles, las SCUM llegan... a todas partes... a
todas partes... lo han visto todo – todo el tinglado, el coito, la
chupada, la de la concha y de la pija, han presenciado todos los números
habidos y por haber, han paseado todas las calles y se han tirado a todos
los puercos... es necesario haberse hartado del coito para profesar el anti-coito,
y las SCUM han vivido toda clase de experiencias, ahora están preparadas
para un espectáculo nuevo; quieren vibrar, despegar, surgir. Pero
la hora de SCUM todavía no ha sonado; SCUM permanece aún en
las tripas de nuestra «sociedad». Pero, si nada cambia y la
Bomba no estalla y acaba con todo, nuestra sociedad reventará por
sí sola.
El Aburrimiento: La vida en una sociedad hecha por y para las criaturas
que, si no son siniestras y deprimentes, son absolutamente aburridas,
sólo
puede ser, si no es siniestra y deprimente, absolutamente aburrida.
El Secreto, la censura, la prohibición del conocimiento y de las
ideas, denuncias, y la caza de brujas: Uno de los temores más horribles,
profundamente arraigados y secretos del macho es el temor de que se descubra
que no es una mujer, sino un macho, un animal sub-humano. Aunque la amabilidad,
la educación y la dignidad bastan para impedir la revelación
de la verdad en un nivel personal, el hombre debe, para evitar que se
descubra la impostura general del sexo masculino y mantener sus poderes
antinaturales sobre la sociedad, recurrir a los siguientes procedimientos.
1. La censura: El hombre que reacciona por reflejo a palabras y frases
aisladas en vez de reaccionar cerebralmente a significados globales,
intenta impedir el descubrimiento de su bestialidad censurando no sólo la
pornografía, sino cualquier obra que contenga palabras soeces, sin
importarle el contexto.
2. Prohibir todas las ideas y conocimientos que puedan descubrirlo o
amenazar su posición predominante dentro de la sociedad. Eliminar
muchos datos biológicos y psicológicos, porque constituyen
la prueba de la gran inferioridad del hombre con respecto a la mujer. Así mismo,
el problema de la enfermedad mental nunca podrá resolverse mientras
el macho mantenga las riendas del poder, porque en primer lugar, le interesa
(sólo las mujeres muy memas pueden soportar el menor intento de dominio)
y en segundo lugar, el macho se niega a admitir el papel del Padre en
el origen de las enfermedades mentales.
3. La caza de brujas: El deleite más importante en la vida del macho – en
caso de que esta criatura tensa y siniestra sea capaz de deleitarse con
algo – es denunciar a los demás. No importa demasiado qué descubre
sobre ellos mientras sean descubiertos; así distrae la atención
que podría recaer sobre él. Denunciar a los demás como
agentes enemigos (comunistas, socialistas) es uno de sus pasatiempos favoritos;
así se disculpa a sí mismo, a su país y al mundo Occidental.
La mierda no está en su culo: está en Rusia.
La Desconfianza: Incapaz de comprender a los demás ni de sentir afecto
o lealtad hacia ellos, centrado en sí mismo, de donde no aparta la
atención a no ser para fijarla en su ombligo, el hombre nunca juega
limpio; cobarde, constantemente debe hacerse la puta con la mujer en busca
de su aprobación, siempre en falso no sea que se descubra su verdadera
condición de macho y animal, siempre debe ocultarse, y mentir sin
cesar. Vacío, constituido de nada, carece de honor o de integridad,
ignora el significado de estas palabras. En resumen, el macho es traidor
y la única actitud adecuada en una sociedad machista es el cinismo
y la desconfianza.
La Fealdad: Como es totalmente sexual, incapaz de respuestas cerebrales
o estéticas, absolutamente materialista y codicioso, el hombre, aparte
de haber impuesto al mundo el Gran Arte, ha llenado su ciudad sin paisaje
con horrendos edificios (por fuera y por dentro), con horribles decorados,
carteleras, autopistas, coches, camiones de basura y, lo que es peor,
su propio putrefacto ego.
El Odio y la Violencia: El hombre vive carcomido por la tensión,
por la frustración de no ser una mujer, de no ser capaz de alcanzar
alguna vez la satisfacción o el placer, – no importa de qué clase-;
vive carcomido por el odio – no por el odio racional dirigido contra
quienes abusan de una o nos insultan – sino el odio irracional, indiscriminado...
odio, en el fondo, contra su propio y mediocre yo.
La violencia le es útil como válvula de escape para su odio
y, además, – como el macho sólo es capaz de una respuesta.
sexual y necesita estímulos muy fuertes para excitar su yo medio
muerto – incluso le provoca cierta emoción sexual.
La enfermedad y la muerte: Todas las enfermedades se curan; el proceso
de vejez y muerte se debe a la enfermedad. Así, es posible no envejecer
nunca y vivir eternamente. En verdad, los problemas de la vejez y la muerte
podrían quedar resueltos en el plazo de algunos años si la
ciencia se dedicara a ello con empeño. Sin embargo, esto no ocurrirá mientras
continúe el reinado del hombre, porque:
1. Los científicos machos, que hay muchos, se apartan prudentemente
de sus investigaciones biológicas, aterrados con el descubrimiento
de que los hombres son mujeres, y sus programas de investigación
demuestran una marcada preferencia por los objetivos viriles, la guerra
y la muerte.
2. El desaliento de muchos científicos en potencia frente a las carreras
científicas, debido a la rigidez, el tedio, el costo, el consumo
de tiempo y la exclusividad injusta de nuestra enseñanza superior.
3. Los científicos, quienes cuidan celosamente sus puestos, mantienen
una actitud oscurantista, quieren hacernos creer que sólo una reducida élite
está preparada para comprender los conceptos científicos abstractos.
4. La falta de la confianza en sí mismas provocada por la educación
paterna, desanima a muchas jóvenes con talento y renuncian a convertirse
en científicas.
5. La automatización es insuficiente: ahora existe una riqueza de
datos que, si se los clasificara y coordinara, revelarían el medio
para curar el cáncer y otras muchas enfermedades, y posiblemente
la clave de la vida misma. Pero los datos son tan numerosos que requieren
computadoras de altísimas velocidades capaces de coordinarlos. La
institución de las computadoras permanecerá interminablemente
retrasada bajo el sistema de control del hombre, pues el hombre siente horror
ante la perspectiva de ser reemplazado por máquinas.
6. El sistema monetario. Los pocos científicos que no están
trabajando en programas mortíferos, están vinculados a los
intereses de las corporaciones para las que trabajan.
7. Al hombre le gusta la muerte: le excita sexualmente y, aunque en su
interior ya está muerto, desea morir.
El hombre incapaz de un estado
positivo de felicidad (lo único que
puede justificar la propia existencia), como máximo, puede aspirar
a un estado neutro de control físico que dura poco, pues enseguida
el aburrimiento, (un estado negativo) lo invade. Está, por lo tanto,
destinado a una existencia de sufrimiento, aliviada solamente por ocasionales,
fugaces momentos de tranquilidad, estado que únicamente puede alcanzar
a expensas de alguna mujer. El hombre, por naturaleza, es una sanguijuela,
un parásito emocional y, por lo tanto, no es apto, éticamente
para vivir, pues nadie tiene el derecho de vivir a expensas de otro.
Así como la vida de los seres humanos posee prioridad sobre la de
los perros, por ser mucho más evolucionados y poseer una conciencia
superior, así la vida de las mujeres posee prioridad sobre la de
los hombres. En consecuencia, desembarazarse de un hombre es un acto
de bondad y de justicia, altamente beneficioso para las mujeres, y es,
a la vez, un acto de misericordia.
Sin embargo, este punto de vista moral podría muy bien resultar académico
pues el hombre se elimina gradualmente a sí mismo. Además
al comprometerse en guerras y exterminios raciales honrados por la historia,
los hombres se vuelven cada vez más maricas o se consumen por medio
de drogas. La mujer, le guste o no, tomará el mundo a su cargo, aunque
sólo sea porque debe hacerlo, pues el hombre, por razones prácticas,
dejará de existir.
Esta tendencia autodestructiva se debe a que los hombres empiezan a tener
una visión más clara de sus intereses. Cada vez más,
se dan cuenta que el interés de las mujeres es su interés,
que solamente pueden vivir a través de ellas, y que cuanto más
la mujer se lanza a vivir, a realizarse, a ser una mujer y no un hombre,
más próximos se sentirán ellos a algo parecido a la
vida. Ha llegado a percibir que resulta más fácil y brinda
más satisfacción vivir a través de ella que tratar
de ser ella o usurpar sus cualidades, y relegarlas, declarando que son hombres.
El marica, que acepta su naturaleza de macho, es decir, su pasividad y su
excesiva sexualidad, su feminidad, también prefiere que las mujeres
sean verdaderamente mujeres, ya que así puede ser más sencillo
para el ser macho, ser femenino. Si los hombres fueran más inteligentes,
más listos, intentarían convertirse en verdaderas mujeres,
harían investigaciones intensivas en el terreno de la biología
que condujera a los hombres, por medio de operaciones cerebrales y del
sistema nervioso, a ser capaces de transformarse, en cuerpo y psiquis,
en mujeres.
La cuestión de saber si deberá continuar el uso de mujeres
para. fines de reproducción o si tal función se realizará en
el laboratorio es un problema. ¿Qué ocurrirá cuando
cada una de las mujeres a partir de los doce años, tome habitualmente
la píldora y no se produzcan más descuidos involuntarios? ¿Cuántas
mujeres aceptarán deliberadamente quedar preñadas? No, Virginia,
las mujeres no gozan simplemente criando como conejas, a pesar de lo que
diga la masa de mujeres robots con cerebros sometidos a lavado. ¿Se
deberá apartar por la fuerza a cierto porcentaje de mujeres para
utilizarlas como conejas de cría en beneficio de la especie? Obviamente,
esto no servirá. La respuesta es la reproducción en el laboratorio.
En cuanto a la cuestión de si debe o no proseguir la reproducción
del género masculino, ya no es un problema, pues el macho como la
enfermedad, ha existido siempre entre nosotras, y no debe seguir existiendo.
Cuando el control genético sea posible – y lo será muy
pronto – huelga decir que lo que produciremos serán seres completos,
totales, no con defectos físicos o con deficiencias, incluso deficiencias
generales como la masculinidad. Así como la producción deliberada
de gente ciega sería inmoral, así también lo sería
la producción deliberada de lisiados emocionales.
Pero, ¿por qué, reproducir mujeres? ¿por qué futuras
generaciones? ¿para qué sirven? Cuando la vejez y la muerte
se eliminen, ¿por qué seguir reproduciendo? Y aunque no se
eliminen ¿por qué continuar con la reproducción? ¿por
qué preocuparnos por lo que ocurra una vez muertos. ¿Por qué preocuparnos
de que no exista una joven generación que nos suceda?
El curso natural de los acontecimientos, de la evolución social,
conducirá a un control total del mundo por parte de la mujer. Como
consecuencia dejarán, primero, de reproducir varones, y terminarán
por dejar de producir mujeres.
Pero SCUM es impaciente; SCUM no se consuela con la perspectiva de las
próximas generaciones; SCUM quiere actuar ya. Y si una gran mayoría
de mujeres fueran SCUM, tomarían el mando total en pocas semanas,
simplemente rehusándose a trabajar paralizando así toda la
nación. Podrían, además, llevar a cabo otras medidas,
cualquiera de las cuales bastaría para desbaratar completamente la
economía y acabar con todo lo demás: que las mujeres se declararan
a sí mismas fuera del sistema monetario, que saquearan los almacenes
en lugar de comprar en ellos y se negaran a obedecer toda ley molesta. La
policía, la Guardia Nacional, el Ejército, la Marina y los
Marines no podrían controlar una rebelión de más de
la mitad de la población, sobre todo al estar protagonizada por mujeres,
imprescindibles absolutamente para ellos.
Si todas las mujeres abandonaran a los hombres, se negaran a tener algo
que ver con cualquiera de ellos, todos los hombres, el gobierno, y hasta
la economía nacional se hundirían sin remedio. Incluso sin
dejar a los hombres, las mujeres conscientes del alcance de su superioridad
y de su poder sobre ellos, podrían adueñarse de todo en pocas
semanas y someter totalmente a los hombres. En una sociedad sana el macho
trotaría obedientemente detrás de la mujer. El hombre es obediente,
se somete con facilidad al yugo de cualquier mujer empeñada en dominarlo.
El hombre, de hecho, desea desesperadamente someterse a las mujeres, vivir
bajo la autoridad de su mamá, y abandonarse a sus cuidados. Pero
no vivimos en una sociedad sana y la mayoría de las mujeres no tienen
la menor idea de la verdadera relación de fuerzas.
El conflicto, pues, no se produce entre mujeres y hombres,
sino entre las SCUM – las mujeres dominantes, libres, seguras de sí mismas,
mordaces, violentas, egoístas, independientes, orgullosas, intrépidas,
libres, arrogantes, que se consideran capaces para gobernar el universo,
que han luchado contra viento y marea hasta alcanzar los límites
de esta sociedad y están dispuestas a desenfrenarse y barrerlos – y
las Hijas de Papá amables, pasivas, complacientes, cultivadas, educadas,
dignas, subyugadas, dependientes, asustadas, grises, angustiadas, ávidas
de aprobación, desconcertadas ante lo desconocido, que quieren seguir
revolcándose en la cloaca (al menos, les resulta familiar), aferrarse
a los amos, sentir a Papá a sus espaldas y apoyarse en fuertes bíceps;
necesitan ver una cara fofa y peluda en la Casa Blanca, demasiado cobardes
para enfrentarse a la horrorosa realidad del hombre, de Papá, que
se han acomodado en la pocilga, han hecho causa común con las bestias,
se adaptan y no conocen otra forma de vida, han rebajado sus mentes, sus
pensamientos y sus percepciones al nivel del macho; que, carentes de juicio,
de imaginación y de genio sólo pueden obtener estima en una
sociedad masculina, que sólo pueden ocupar un lugar en el sol (o
mejor, en el estiércol), como cluecas o en calidad de reposo del
guerrero, que son rechazadas por las otras mujeres, que proyectan sus
deficiencias, su masculinidad, sobre todas las mujeres a quienes consideran
gusanos.
Pero SCUM es demasiado impaciente para esperar y aguardar a que se produzca
el deslavado de cerebro de millones de agujeros. ¿Por qué las
mujeres impetuosas deben seguir arrastrándose miserablemente junto
con todas estas aburridas mujeres-machos? ¿por qué el destino
de los seres capaces debería cruzarse con el de los tarados? ¿por
qué las imaginativas y activas deberían tener en cuenta a
las pasivas y mediocres? ¿por qué las independientes deberían
patear locas junto con las que se amparan a Papá?
Un comando de SCUM puede apoderarse del país en un año, dando
por el culo al sistema a todos los niveles, destruyendo selectivamente
la sociedad y asesinando.
SCUM será la gran fuerza enculatoria, la fuerza del destrabajo. Los
miembros de SCUM elegirán toda clase de profesiones y destrabajarán.
Por ejemplo, las vendedoras y telefonistas SCUM, no cobrarán. Las
operarias y oficinistas SCUM, joderán el trabajo destruyendo el material
en secreto. Las SCUM destrabajarán sistemáticamente hasta
hacerse despedir, después buscarán un nuevo empleo para sabotear.
SCUM tomará por asalto los autobuses, los taxis y los puestos de
vender billetes; conducirán autobuses y taxis y entregarán
billetes gratuitos al público. SCUM destruirá todos los objetos
inútiles y dañinos como escaparates, Gran Arte, etc. Después
SCUM se apoderará de las antenas de radio y de T.V., se encargará de
aliviar de sus trabajos a todos los empleados que impedirán la entrada
de SCUM en los estudios. SCUM arremeterá contra las parejas mixtas
(hombre-mujer), que encuentre al paso y las deshará. SCUM matará a
todos los hombres que no formen parte del Cuerpo Auxiliar Masculino de SCUM.
Forman parte del Cuerpo Auxiliar Masculino los hombres que se emplean, metódicamente,
en su propia eliminación, los hombres que practican el bien, fueren
cuales fueren sus motivos y nieguen las reglas del juego de SCUM. He aquí algunos
ejemplos de los integrantes del Cuerpo Auxiliar: hombres que matan a hombres;
biólogos que trabajan en investigaciones constructivas, en lugar
de preparar la guerra biológica; periodistas, escritores, redactores
jefe, editores y productores que difunden y promocionan las ideas capaces
de servir a los objetivos de SCUM; los maricas que con magnífico
ejemplo, animan a otros hombres para desmachizarse y en consecuencia volverse
relativamente inofensivos; hombres que prodigan generosamente dinero y todos
los servicios necesarios; hombres que dicen la verdad – hasta ahora
ninguno lo ha hecho nunca –, y guardan un comportamiento justo con
las mujeres, que revelan la verdad sobre sí mismos, proporcionan
a los descerebrados frases correctas que repetir y les dicen que el objetivo
principal en la vida de una mujer es aplastar el sexo masculino. Para ayudar
a los hombres en esta tarea, SCUM organizará Sesiones Miérdicas
durante las cuales cada hombre presente pronunciará un discurso con
la frase: soy una mierda, una mierda miserable y abyecta, y acto seguido
procederá a enumerar los distintos aspectos de su mierdicidad. Su
recompensa por esta actuación, será la oportunidad de confraternizar
después de la sesión y durante toda una hora con las SCUM
presentes. Se invitará a las mujeres amables y educadas para clarificar
las dudas y los malentendidos que puedan tener acerca del sexo masculino;
a los fabricantes y promotores de libros, películas porno, que nos
conducen al día en que en las pantallas sólo se verá chupar
y joder (los hombres, como las ratas siguiendo el sonido de la flauta encantada,
serán arrastrados hasta su perdición por los engañosos
encantos de la Gata, y desbordados, abrumados por ella, se anegarán
en esa carne pasiva que han sido siempre) los propagadores de drogas
que apresuran la decadencia masculina.
Pertenecer al Cuerpo Auxiliar Masculino es una condición necesaria
pero no suficiente para formar parte de la lista de indultados de SCUM;
no es suficiente practicar el bien: para salvar sus culos insignificantes,
los hombres deben además evitar el mal. Entre los hombres más
detestables y dañinos aparecen: los violadores, los políticos
y todo su clan (propagandistas, miembros de los partidos políticos,
etc.); los cantantes y los músicos malos; los Presidentes del Directorio,
los Gana-Pan, los agentes inmobiliarios, los propietarios de los restaurantes,
los Grandes Artistas, los cobardes, los policías, los magnates, los
científicos que trabajan en investigaciones en favor de la destrucción
y la muerte o para la industria privada (casi todos los científicos),
los mentirosos y los farsantes, los disc-jockeys, los hombres que se imponen
aunque sea mínimamente a las mujeres, los hacendosos, los corredores
de bolsa, los que hablan cuando no tienen nada que decir, los que deambulan
ociosamente por las calles y estropean el paisaje con su presencia, los
hipócritas, los artistas plagiarios, los sucios, los moscones, los
hombres que dañan a una mujer, los que se dedican a la industria
de la publicidad, los escritores, periodistas, redactores jefes, editores,
etc., deshonestos; los censores, público y privado, todos los miembros
de las fuerzas armadas, incluso los reclutas (LB J y McNamara dan las órdenes
pero los oficiales de servicio las realizan) y particularmente los pilotos
(si la Bomba estalla, no será LBJ quien la arrojará, sino
el piloto), en el caso del hombre cuyo comportamiento puede considerarse
tanto malo como bueno, una evaluación subjetiva y completa de su
persona determinará si su comportamiento es, al hacer la síntesis,
bueno o malo.
Resulta muy tentador meter en el mismo saco a hombres y Grandes Artistas
y a las mujeres hipócritas, etc., pero sería incómodo,
pues no quedaría nadie. En toda mujer hay algo que, en mayor o menor
grado huele a podrido, pero se debe a toda una vida de convivencia con los
hombres. Eliminad a los hombres y las mujeres mejorarán. Las mujeres
son recuperables; los hombres, no, aunque su comportamiento puede cambiar.
Cuando SCUM les de una patada en el culo, las mujeres se perfeccionarán
rápidamente.
Cuando dé por el culo al sistema, saquee, separe parejas, destruya
y asesine, SCUM GANARA RECLUTAS. Ese será el papel de su núcleo
de élite reclutadoras; el cuerpo minoritario; el líder de
las actividades (las enculadoras, saqueadoras y destructoras) y el de la élite
de la élite: las asesinas.
La solución ya no es dejar que todo se derrumbe y vivir al margen.
Dar por el culo al sistema, sí. La mayoría de las mujeres
ya viven marginadas: nunca estuvieron integradas. Vivir al margen, es dejar
el campo libre a quienes se aprovecharán de él; marginarse
es hacer justo lo que quieren que hagamos los líderes establecidos;
es hacerle el juego al poder, al enemigo; fortalecer el sistema en vez de
minarlo, ya que está absolutamente basado en la inactividad, en la
pasividad, en la apatía y en la retracción de la masa de las
mujeres. Sin embargo, desaparecer es una solución excelente para
los hombres, y SCUM, con entusiasmo, le dará empuje.
Buscar en uno mismo la salvación, contemplarse el ombligo, no es
la solución, como nos quieren hacer creer quienes se las toman a
Katmandú. La felicidad se halla afuera de uno mismo, y se logra solamente
por medio de las relaciones con los demás. Nuestro objetivo debería
ser el olvido del propio yo, no la autocontemplación. El hombre,
sólo capaz de esto último, convierte una falta fundamental
en una virtud y otorga a la autocontemplación la categoría
no solamente de bien sino de Bien Filosófico, y así hace que
parezca profundo.
A SCUM de nada le sirven las banderas, los desfiles o las huelgas para
alcanzar sus fines. Tácticas semejantes son útiles solamente
para las señoras amables y educadas que escrupulosamente llevan a
cabo tales acciones porque poseen la garantía de su inutilidad. Además,
sólo las mujeres-machos decentes y con una vida limpia, altamente
entrenadas en sumergirse a sí mismas en la especie, se confunden
con la masa y la muchedumbre. SCUM está constituido por individuos;
SCUM no es una muchedumbre. Las acciones de SCUM serán llevadas a
cabo por el número de personas estrictamente necesario. SCUM, además,
egoísta, fría de cabeza no expondrá tontamente sus
cabezas a las porras de los policias: eso es para las señoras de
clase media, privilegiadas y educadas, que sienten gran estima por Papá y
por el policía y manifiestan una fe ciega en la bondad intrínseca.
Si SCUM realizara alguna vez una manifestación, marcharía
sobre la cara estúpida y repugnante de Lyndon Johnson; si SCUM alguna
vez va a la huelga, plantará largos cuchillos en la noche, no piquetes.
Las actividades de SCUM serán criminales no por simple desobediencia
civil, por violar abiertamente la ley sino, para ir a la cárcel,
para llamar la atención sobre la injusticia. Semejante táctica
entra en el sentido del sistema y sólo sirve para apenas modificarlo,
para cambiar ciertas leyes específicas. SCUM está en contra
de todo el sistema, contra la idea misma de la ley y de gobierno. SCUM nace
para destruir el sistema, no para lograr ciertos derechos dentro de él.
Además SCUM – siempre egoísta, siempre fría – siempre
evitará la detención y el castigo. SCUM actuará furtiva,
sibilina, taimadamente (aunque a las asesinas SCUM siempre se las reconocerá).
Tanto la destrucción como el asesinato serán selectivos y
discriminados. SCUM está en contra de las revueltas histéricas
e indiscriminadas, sin objetivos claros, que tan fatales resultan, a veces,
para sus propios partidarios. SCUM nunca alentará, instigará o
participará en revueltas de ninguna clase o cualquier otra forma
de destrucción indiscriminada. SCUM, fría, furtivamente, cazará su
presa y se moverá con sigilo, en la sombra, para matar. Su destrucción
nunca provocará bloqueos en las rutas necesarias para el transporte
de comida y abastecimientos esenciales; no contaminará o cortará el
agua, ni bloqueará las calles y el tránsito hasta el extremo
de que las ambulancias no puedan circular o impedir el funcionamiento
de los hospitales.
SCUM continuará destruyendo, saqueando, desorganizando y matando
hasta que el sistema laboral-monetario cese de existir y se establezca la
automatización total, o hasta que las mujeres necesarias cooperen
con SCUM para alcanzar sus objetivos sin recurrir a la violencia, es decir,
hasta que suficientes mujeres no trabajen o abandonen sus puestos de trabajo,
comiencen a saquear, abandonen a los hombres y se nieguen a obedecer todas
las leyes impropias de una sociedad verdaderamente civilizada. Muchas mujeres
engrosarán las filas, pero habrá muchas otras, que hace tiempo
se han rendido al enemigo, que están tan adaptadas a la condición
animal, al machismo, (adoran las restricciones y las represiones, no saben
qué hacer con la libertad) que siguen siendo aduladoras serviles
y lameculos, así como los campesinos que cosechan arroz siguen siendo
campesinos que cosechan arroz cuando un regimen deriba a otro. Unas pocas
de las más veletas lloriquearán, se enfurruñarán
y arrojarán sus juguetes y trapo de cocina al suelo, pero SCUM, su
apisonadora pasará, imperturbable, sobre ellas.
Lograr una sociedad completamente automatizada es simple y rápido,
en cuanto la demanda es pública. Los proyectos detallados para su
creación ya existen, millones de personas trabajan en su realización,
el logro apenas llevará algunas semanas. aún suprimido el
sistema monetario, todos se sentirán felices de colaborar en la construcción
de una sociedad automatizada. Señalará el principio de una
era nueva y fantástica y el trabajo se realizará en medio
de una atmósfera de fiesta.
La supresión del dinero y la institución completa de la automatización
son objetivos básicos para todas las otras reformas de SCUM; sin
ellas, las demás resultarían imposibles; con ellas, se producirán
rápidamente. El gobierno caerá automáticamente. Por
medio de la automatización completa, cada mujer tendrá la
posibilidad de votar directamente por medio de una máquina de votar
electrónica instalada en su casa. Como el gobierno está casi
totalmente ocupado en la regulación de la economía y en legislar
contra asuntos estrictamente privados, la supresión del dinero, y
con él la de los machos empeñados en legislar la moral, significará que
no habrá prácticamente nada que votar.
Una vez desmanteladas las finanzas, ya no será necesario matar a
los hombres, se les arrancará el único poder que tienen sobre
las mujeres psicológicamente independientes. Podrán imponerse
solamente con las lameculos, a quienes les gusta que alguien las someta.
El resto de las mujeres se ocupará en intentar resolver los pocos
problemas que queden por solucionar antes de centrarse en la cuestión
de la eternidad y de la Utopía. Se renovará completamente
la enseñanza, y millones de mujeres podrán, en pocos meses
realizar trabajos de alto nivel intelectual que en la actualidad requieren
años de aprendizaje (puede lograrse con facilidad pues nuestro objetivo
educacional es educar y no perpetuar una minoría académica
e intelectual). Resolverán los problemas de la enfermedad, la vejez,
y la muerte y rediseñarán totalmente nuestras ciudades y el
habitat. Muchas mujeres, durante un tiempo, seguirán pensando que
los hombres les interesan, pero en cuanto se acostumbren a la sociedad de
mujeres y se concentren en la realización de sus proyectos, se darán
cuenta de la total inutilidad y banalidad del macho.
Los pocos hombres que queden en el planeta podrán arrastrar sus días
mezquinos. Podrán hundirse en las drogas o pavonearse travestidos,
observar a las mujeres poderosas en acción, como espectadores pasivos,
intentando vivir por delegación. También podrán ir
al centro suicida del vecindario más próximo y amistoso para
morir allí, en las cámaras de gas, de muerte serena, rápida,
sin dolor.
Antes de que se instituya la automatización, antes de que los hombres
sean reemplazados por las máquinas, el hombre debe ser útil
a la mujer. Deberán recibir sus órdenes, satisfacer sus más
mínimos caprichos, obedecer cualquiera de sus exigencias, adoptar
una actitud de perfecta obediencia a su voluntad, en lugar de esta situación
perversa y degenerada de los hombres de hoy, quienes no solamente existen,
ensuciando el mundo con su ignominiosa presencia, sino que se dejan lamer
el culo por la masa de mujeres que se posternan ante ellos, los millones
de mujeres que adoran piadosamente al Becerro de Oro. El perro conduce al
amo, cuando en realidad, de no ser un marica travestí, lo más
aceptable para el hombre es postrarse delante de la mujer, como un esclavo.
Los hombres racionales desean ser aplastados, pisoteados, exterminados y
masticados, tratados como lo que son, perros mugrientos, y confirmar así su
ser repulsivo.
Los hombres irracionales, los enfermos, los que intentan defenderse contra
su repugnancia, al ver a las SCUM CARGAR SOBRE ELLOS, aullarán aterrados
y se aferrarán a la Gran Mamá de las Grandes Tetas pero las
Tetas no les protegerán contra la arremetida de las SCUM; La Gran
Mamá se aferrará al Gran Padre, quien, en un rincón,
se cagará en sus dinámicos calzoncillos. Sin embargo, los
hombres racionales no patearán ni pelearán ni armarán
una lamentable pataleta; se quedarán mansamente sentados, relajados,
gozando del espectáculo, dejándose llevar por las olas hasta
su fatal extinción.
Valerie Solanas
por Valerie Solanas
[ Volver
al
índice de "Relatos y +"]
|