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La violencia

"Un mundo sin violencia" es lo que cualquiera puede pedirle a los Reyes Magos cuando un movilero de televisión sin ideas se acerque a preguntarle en Navidad en la esquina de Florida y Corrientes y quedar bárbaro. Es una convención que todos lo consideren la respuesta acertada. Hasta los niños saben que eso es lo que tienen que decir y no lo que de verdad desean: dos docenas de Pokemones más grandes y más japoneses que los de su mejor amigo. Hasta John Lennon echó mano de esta respuesta sacada del manual "Cómo ser bondadoso en diez días" cuando cantó "Imagine" adecuadamente vestido de blanco. Y sonó muy bonito pero ¿cómo sería un mundo sin violencia, sin ningún sentimiento mezquino?
En primer lugar, no existirían las tragedias porque no existirían los terceros en discordia que vienen a romper una armonía ya que eso es violencia. Así que no existiría el teatro, ni la novela, ni la telenovela, ni las películas, ni la ópera... ¿cuál hubiera sido el destino de La Traviata si no hubiera aparecido el padre de su amante (lleno de rencor, clasismo y de ganas de discriminar) para apartarla de él?: Traviata y Traviato se habrían casado, habrían tenido traviatitos y él habría terminado cambiándole los pañales a ella que, con ochenta años y tras una vida de excesos, sería una vieja decrépita y gruñona que a sus siete traviatitos les cantaría el aria "¡Si lo hubiera sabido, no los hubiera parido!". ¿Quién iba a querer ver esa ópera?
Tampoco existirían los chistes y, por lo tanto, tampoco la carcajada ya que ésta sólo la provocan los chistes y los chistes son críticas despiadadas al comportamiento humano. De modo que en un lugar donde el comportamiento de todos sería intachable no se podría dar la burla, ni el ridículo. Así que, la gente tendría solamente una sonrisa plácida, alelada, tenue... sin picardía, sin malicia, sin nada porque todo puede molestar a alguien y si molestas a alguien ya no puedes vivir en Imagine Land. Tampoco existirían los héroes porque no habría villanos contra los que luchar, ni víctimas a las que salvar. Tampoco existirían los santos porque la bondad de nadie sobresaldría de la de los demás y no habría tampoco ninguna clase de sacrificio para que los aspirantes a santo realizaran. De manera que, por ahora, ya no habría arte, ni humor, ni personas especiales como héroes, villanos, víctimas o santos. Tampoco habría comida porque matar un animal es violencia. Y tampoco se podría ser vegetariano ya que una planta también es un ser vivo. Así que la gente de Imagine Land vagaría todo el día sin nada que hacer, desnutrida y con una sonrisa lela dibujada en el rostro. Tampoco existirían los grandes inventos como el avión, las naves espaciales o las computadoras porque no habría ambición. Ni monumentos como las pirámides porque no habría habido líderes a los que honrar. Ni construcciones como la Gran Muralla China porque no existiría el concepto de muralla en un lugar donde nunca hubo una guerra. Y no podría aparecer un rebelde que quisiera romper con esas normas porque nadie habría sido educado con ambición, ansias de poder, insatisfacción, ni sentido épico, romántico o trágico de la existencia. Así que los imaginenses (=naturales de Imagine Land) estarían condenados a extinguirse lentamente. ¿Por un meteoro?, ¿un cambio climático?, ¿una maldición divina?... no, hasta Dios habría cambiado de canal. Se extinguirían de puro aburrimiento, al compás que marcara su propia mediocridad. Pero ¿qué pasaría si, pese a todo, apareciera un rebelde? En ese mundo donde no habría maldad, ni juicios, ni castigos, ni destierros... no tendrían otra alternativa que respetar al rebelde. Así que de puro buenos iban a terminar amoldándose a él para no segregarlo, para no aislarlo, para no discutirle porque todo esto generaría violencia. En fin, el mundo volvería a convertirse en lo que es. De la violencia no se puede escapar. Es el gran motor que pone en marcha lo más iluminado y lo más oscuro del hombre.

por Locusta

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