Año III • N° 32 • Buenos Aires • enero 2006 Sólo los críticos y las señoras gordas creen que lo divertido no es cultura

Crítica de cine (sin respaldo académico)

¿Qué le pasa a los genios?

Podrían tener la dignidad de retirarse a fabricar vinos como Coppola

Desde aquel hermoso homenaje al expresionismo alemán de “Europa”, donde además arriesgaba una visión de la posguerra totalmente original, Lars von Trier se viene devaluando ante mis ojos cual prestigio de la ONU. Para muestra, dos botones. “Bailarina en la oscuridad”, un melodrama musical (¡musical! ¡¿por qué, dios mío?!) lleno de golpes bajos para conmover a cualquier precio. Y “Dogville”, una metáfora pueril de… algo (me resultó tan aburrida que todos los momentos clave me pillaron pensando en otra cosa). Protagonizada por Nicole “Iceberg” Kidman con su habitual despliegue de gestos preparados en el espejo y encarnando, como de costumbre, un personaje 20 años menor que ella, la película pretende ser una reflexión política y/o filosófica pero la única conclusión que deja es que no se puede hacer cine sin escenarios verosímiles excepto que seas Fellini. Por culpa de los críticos estuve a punto de gastarme 12 pesos para verla en el cine. Por suerte, me dejé estar y la vi hace poco en la tele. Menos mal. Pero si von Trier es un “genio nuevo”, aún discutible, peor es el caso de Scorsesse con sus dos superproducciones de los últimos tiempos. “Pandillas de Nueva York” donde le inventa a la ciudad un pasado heroico, una revuelta de pobres de todas las razas contra ricos que nunca existió, y donde tapa con litros de sangre de utilería la debilidad del guión: la misma y vieja historia de siempre de una venganza. Y “El aviador” o “Cómo convertir a un personaje fascinante como Howard Hughes en dos horas de bostezos”. Yo como crítico de cine toco de oído pero desafío a un crítico profesional a asegurarme en un detector de mentiras que el director de estos dos bodrios le parece el mismo de “El francotirador”, “Taxi driver” o, incluso, (y mire lo que le digo, señora) de “Buenos muchachos”. Insisto: que imiten a Coppola, que pone su dinero al servicio de las nuevas generaciones (como su hija Sofía que es una talentosa) mientras él se toma unos aníbales.

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Apesta

El lado oscuro del chef de Danette. Hasta ahora era un gordito confiable y encantador. De pronto, en el aviso de banana split y a la vista de tres hawaianas, se convirtió abruptamente en un viejo verde. Lo siento, no puedo verlo como un ser sexual... me siento confundida... creo que no tomaré postre...
Que traten de atrapar a los ladrones del Banco Río. Por su profesionalismo, su caballerosidad inglesa para con los rehenes, su creatividad, su temeridad y el trabajo previo invertido, merecerían la absolución. Pusieron lo mejor de ellos en su proyecto y triunfaron... ¿cuántos podemos decir lo mismo?
La pelota del mundial. Está bien promover el fútbol femenino pero tampoco es cuestión de adornar la pelota con protectores diarios.

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Comenzó el curso de verano: Apuntes de chino. "El primero te lo regalo..." Click acá
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"La felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…" Groucho Marx
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Videoclips/Gwein Stefani "Luxurious" Detesto que hagan primeros planos de joyas, celulares, esmaltes de uñas y los dientes millonarios del rapero. Horripilantemente colorido. Un 4.
Intoxicados "Reagge para Mirtha" "Puede ser un poco cómico pero de ahí no pasa. Le hubiesen dado una semanita a la vieja para que se aprendiera la letra de la canción. Y, bueh, es medio aburrido...un 5.

Para ir sintiendo Alemania 2006, algunos términos futboleros en alemán para ir ejercitando la glotis. Abseitsstellung, bien sencillita, es off-side; Linienrichter es a quien hay que putear si marca mal un Abseitsstellung o sea, el juez de línea; hacer una Manndeckung es… ¡no eso no, pervertido!, es una marca hombre a hombre; y a disfrutar el partido hasta que el árbitro dé el Schlusspfiff o pitazo final.
palabras
"Cien años de soledad" (Contra el pánico de la hoja en blanco) Click acá
etimología
Control es una derivación de “contrarotulus” o rollo de verificación. Así denominaron los mercaderes venecianos al rollo de papel o papiro donde consignaban el “debe” en sus registros de contabilidad, donde el del “haber” se llamaba "rotulus".
Locusta Edición y redacción/Malena Aballay (Videoclips)/Sergio Aballay Diseño larevista@lainundacion.com.ar Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación. Lipidindi la revista es una publicación digital, no spam. Si no deseas seguir recibiéndola enviá un mail haciendo click acá