Ceremonia del té
Del emperador al monje, pasando por los deudos en un funeral, los novios en su boda o los intelectuales en una tertulia, en China todos toman té desde hace miles de años. Allí se descubrió porque allí crecía en forma silvestre. Toda planta de té que veas en cualquier parte del mundo tiene un antepasado chino directo o indirecto. Ya se venía cultivando durante miles de años en la provincia de Sichuan cuando se extendió por toda China durante la unificación del país sucedida en el año 221 a.n.e.
La producción de té alcanzó su máximo esplendor durante la dinastía Song (960-1279). Fue entonces que nació el té imperial Longfeng (Dragón y Fénix), una sustancia considerada preciosa que sólo algunos cortesanos selectos podían saborear, además del emperador. También en esta época surgieron las famosas casas de té y las competencias, grandes torneos de degustación en los que participaban nobles y plebeyos.
La segunda época dorada del té fue durante la dinastía Ming (1368-1644) donde aparecieron gran cantidad de variedades y se editaron decenas de libros de estudio sobre el tema. En esta época las alegres tazas de porcelana azul y blanca sustituyeron a las barnizadas de negro del tradicional servicio de té y se popularizó el uso de la tetera que alargaba el momento placentero, conservando el aroma, la temperatura y el sabor. Durante la dinastía Qing (1616-1911) el té se convirtió en una pata fuerte de la economía, con exportaciones a todo el mundo y comerciantes enriquecidos. Hoy más de 160 países lo consumen y más de 50 son productores.
Variedades
Actualmente, el té se divide en procesado y reprocesado, según su método de producción y calidad. Las variedades más famosas del té procesado son seis:
El luchá (té verde), la variedad más producida en China; hongchá (té rojo) que a su vez se subdivide en gongfu, xiaozhong y hongsui; wulong (té rojiverde) de hojas verdes con bordes rojos; el huangchá (té amarillo) de fuerte sabor y aroma, subdividido en huangya, huangxiao y huangda; baichá (té blanco) de hojas con vellos blancos, dividido en el yachá (brotes) y el yechá (hojas); y el heicha (té negro) una rareza de hojas negras característica de las regiones del noroeste donde habitan las minorías étnicas.
Las variedades más famosas de té reprocesado son el perfumado, el presionado y el de la salud, todos ellos producidos con los seis anteriores como base.
Preparación
“Los servicios del té son esenciales para el té” dice el dicho ya que la ceremonia de prepararlo es tan importante como la bebida misma. Los paraguayos, uruguayos, argentinos y brasileños del sur entendemos de qué se trata ya que tenemos nuestra propia infusión que también requiere ceremonia: el mate.
Las claves para hacer una buena taza de té son la proporción de agua-hojas, la temperatura del agua y la duración del reposo de las hojas. Con el té verde se recomienda un recipiente de cristal para poder contemplar la belleza de las hojas flotando en el agua. Se echan 3 gramos de hojas en el vaso y se vierte agua a 80º hasta cubrir una cuarta parte del vaso. Se deja reposar de 20 a 40 segundos y después se vierte el agua en tres veces para que las hojas bajen y suban, hasta llenar el vaso. Para preparar una buena taza de wulong se llena
un jarro de hojas de té hasta la mitad. Se echa agua hirviendo hasta llenarlo, se tapa y unos minutos después se sirve. Finalmente, para el té rojo se echan en la taza la cantidad de hojas deseadas según el gusto de cada uno (fuerte o suave) y se le agrega agua a 90º grados respetando la proporción de 50-60 cc de agua por un gramo de hojas. También se le puede agregar leche y limón.

(Fuente: "China Express, viaje multicultural a un país de cinco mil años" Editorial Nueva Estrella)

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