1955
fue
un año brillante. Con su amigo fotógrafo Milton H. Greene
como socio capitalista, creó una productora independiente, la
Marilyn Monroe Productions. Juntos se embarcaron en una operación
de prensa para presentar lo que llamaron "la nueva Marilyn".
Se mudó
a vivir a New York dejando plantada a la 20th Century Fox, se inscribió
en el Actors Studio y remodeló nuevamente su imagen. Con look
elegante, dio una rueda de prensa para anunciar sus exigencias y su
deseo de interpretar, por ejemplo, Los hermanos Karamazov. Por supuesto,
no a los hermanos sino a la chica, aclaró echando por tierra
toda solemnidad. A fines de año la derrota de la Fox era oficial:
Monroe firmó un
contrato por siete años en los que tendría que hacer sólo
cuatro películas para el estudio y libertad para hacer las que
quisiera con otros estudios; tendría derecho a elegir el director
y su productora cobraría 100.000 dólares por cada película
realizada para la Fox más un porcentaje de las ganancias.
La primera producción resultó ser una de las mejores
películas
de su carrera y un éxito de taquilla, Bus
Stop. Además, se iba
a casar con el mayor dramaturgo estadounidense del momento, Arthur
Miller.
La petición de mano fue algo extraña. Aprovechando
la ola de rumores sobre el romance de Marilyn con Miller, el congresista
Francis Walter citó al escritor, quien había solicitado
su pasaporte, ante el Comité de Actividades Antiamericanas,
organismo que venía midiendo mal en los medios. En secreto
se le ofreció
facilitarle las cosas al dramaturgo si Monroe posaba para los fotógrafos
con el propio congresista. Miller rechazó la oferta pero
soltó
una bomba ante el Comité: declaró que quería su
pasaporte, entre otras cosas, porque iba a viajar a Inglaterra con Marilyn
que, para entonces, ya iba a ser su esposa. Ella se enteró a
la vez que los congresistas y la prensa y se sintió halagada
por esa declaración
de amor pública. Pero no estaba segura de querer casarse al punto
de preguntarle a sus amigos qué opinaban. Es probable que su
instinto de persona que se crió por sus propios medios le hiciera
sospechar que Miller, en realidad, la había usado para desviar
la atención
de los medios, objetivo que logró junto con el pasaporte. Finalmente
ella se dejó llevar por la corriente y el 29 de junio de 1956
se casó con Arthur Miller.
Dos semanas después, partían a Londres
para rodar The
Prince and the Showgirl
con sir Laurence Olivier como co-estrella y director.
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El
rodaje fue un desastre. El
pánico de Olivier porque Marilyn estaba actuando mucho mejor que
él, la decepción de ella porque esperaba encontrarse con
un genio y se encontró con una diva, Miller que decidió
meterse a manejar la carrera de su esposa y empezó a enfrentar
a Milton Greene, Paula Strasberg con sus extraños consejos de actuación
que molestaban al director (“Pero, querida,¡piensa en la Coca-Cola
y en Frankie Sinatra!”), las noches en vela porque Marilyn no podía
dormir y su esposo no quería que tomara pastillas, todo esto provocó
un cocktail explosivo y el principio del fin del matrimonio. Milton Greene
fue despedido como vicepresidente de la Marilyn Monroe Productions con
una indemnización de 100.000 dólares, y el cuñado
de Miller y un amigo entraron en la junta directiva. En julio del '58
Marilyn tuvo que volver a Hollywood para rodar Some
Like it Hot de
Billy Wilder, que resultó ser una de las mejores comedias de la
década del '50. Durante el rodaje, Monroe se desbocó como
un caballo salvaje. Sus retrasos y ausencias desesperaron al equipo, así
como su fragilidad física (durante la filmación tuvo un
embarazo fallido) y su imprevisibilidad: un día hacía los
diálogos más complicados de corrido y al día siguiente
no podía recordar la frase más simple. Además, hubo
meses de mañanas perdidas en las que se suponía que salía
temprano de casa para ir a filmar pero no llegaba al plató hasta
la tarde. Dónde estuvo, nadie lo supo nunca. Más allá
del infierno pasado durante la filmación, Marilyn estuvo brillante
y la película fue un éxito.
En el '59 filmó Let's
Make Love con
la estrella de cine francés Yves Montand.
Con su matrimonio en franca caída, Marilyn se
enamoró como una adolescente de Montand que era una especie de
DiMaggio culto. Tuvieron un romance pero, una vez finalizada
la película, él volvió a los brazos de su esposa,
la actriz Simone Signoret.
Por entonces, Marilyn empezó a hacer terapia con el que sería
su último psiquiatra, el doctor Ralph Greenson. En aquella primera
sesión ella se quejó de la película, de su coach
Paula Strassberg, de su marido que era "frío e insensible"
y de su eterno insomnio.
La película no resultó un éxito de crítica
ni de taquilla aunque generó un momento pocas veces visto en una
sala de cine: el día del estreno, cuando terminó el número
musical de "My Heart Belongs to Daddy", el público estalló
en una ovación. Es, sin duda, uno de los mejores números
musicales de la historia del cine sólo equiparable al de "Put
The Blame on Mame", a cargo de Rita Hayworth en "Gilda"
(1946).
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