“Mientras miraba la noche de Hollywood, solía pensar: Tiene que haber miles de chicas que están sentadas solas como yo, soñando con convertirse en una estrella de cine. Pero no voy a preocuparme por ellas. Yo sueño más fuerte”. Marilyn
“Este es el fin de la historia de Norma Jeane… Me trasladé a una habitación de Hollywood para vivir por mi cuenta. Quería descubrir quién era yo. Nada más haber escrito “Este es el fin de Norma Jeane”, me puse colorada como si me hubieran pescado en una mentira”. Marilyn
“Era dulce, hermosa. Su sonrisa, su manera de reírse. Y era frágil, mental y físicamente. En cuanto terminaba el trabajo, se metía en el coche y se quedaba dormida. Aquella chica no tenía nada que hacer en el mundo del espectáculo. Era una criatura dulce, sensible” Andre De Diennes, fotógrafo
“Cuando se encontraba ante un hombre al que no conocía, sólo podía sentirse segura cuando sabía que el hombre la deseaba; por eso, todo en ella estaba dispuesto para provocar esa sensación. En ese aspecto, su talento era muy grande. Recuerdo una experiencia mía en su diminuto departamento, con mi ayudante y el documentalista de Life. Cada uno de nosotros comprendía que si los otros dos se iban, allí iba a ocurrir algo increíble” Philippe Halsman, fotógrafo.
“Hollywood es un lugar donde están dispuestos a pagarte mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma” Marilyn
“Cuando empecé a trabajar de modelo, era como si eso formara parte del trabajo. Todas las chicas lo hacían. No estaban haciendo todas aquellas fotos sexy sólo para vender una marca de margarina o para publicarlas en una revista ilustrada. Querían probar la mercancía, y si tú no estabas dispuesta a hacerlo, había veinticinco chicas que sí. Tampoco era una tragedia tan espantosa. El sexo nunca ha producido cáncer a nadie”. Marilyn
“Pasé mucho tiempo de rodillas” Marilyn a Milton H. Greene sobre sus comienzos
“Había algo en aquella chica. Desde el momento en que la veías, comprendías que iba a llegar” James Bacon, periodista

 

“Era una mujer a la que le salía una erupción sólo de pensar que iba a conocer a una persona nueva; tanto era el miedo que tenía”. Henry Rosenfeld, amigo de Marilyn.
“No me impresionó. Estaba encogida y forzada; no podía decir una sola palabra con naturalidad. Se veía que su costumbre de hablar sin mover los labios no era natural sino añadida. Y su voz era una especie de gimoteo aflautado” Natasha Lytess, coach durante algunos años
“Trataron de convertirme en lesbiana. A mí eso me daba risa. No hay relación sexual que sea mala si hay amor en ella” Marilyn
“Luego se me ocurrió pensar que otras personas, otras mujeres, eran diferentes a mí. Podían sentir cosas que yo no sentía. Y cuando empecé a leer libros, y me encontré con palabras como frígida, rechazada, lesbiana, ya no sabía si era las tres cosas a la vez… Había momentos en que no me sentía humana y momentos en los que sólo podía pensar en morirme. Estaba también el dato siniestro de que mirar a una mujer bien hecha siempre me había producido un estremecimiento” Marilyn
“Apareció allí esa visión, una preciosa señora rubia. Le gustaban mucho los niños, muchísimo, y casi pasó a formar parte de nuestro grupo de amigos. Organizó una fiesta de cumpleaños para mí, y se sentó en el suelo y se puso a jugar con nosotros. Llegamos a quererla mucho” Anne, sobrina de Fred Karger, su coach de canto
“Marilyn creía que el sexo te acercaba, te hacía ser un amigo más íntimo. A mí me dijo que casi nunca tenía orgamos pero no era nada egoísta. Trataba ante todo de complacer al sexo opuesto. Pero no era únicamente sexo, ¿eh? Podía ser una persona muy alegre y divertida. ¡Cómo recuerdo aquella risa!” Henry Rosenfeld
“Esa chica tenía algo que no había visto desde los tiempos del cine mudo. Una especie de fantástica belleza como la de Gloria Swanson… Ponía sexo en un trozo de película como Jean Harlow… Estaba mostrándonos que podía vender emociones en la pantalla” Leon Shamroy, camarógrafo
"No me quieras, Natasha. Enséñame, y nada más" Marilyn a su coach Natasha Lytess después de que ella le dijera Te quiero