Pasos y cuchicheos
Lo que vio el sargento Clemmons, el primer policía que oficialmente llegó a la casa de Monroe después de su muerte
El sábado 4 de agosto de 1962 a las 04:25 de la madrugada el sargento Jack Clemmons (foto izq.) recibió en el Departamento de Policía de la calle Pardue la llamada de un hombre que se identificó como el doctor Hyman Engelberg y dijo: “Marilyn Monroe ha muerto. Se suicidó”. Pensando que quizá era una broma pesada, el sargento salió hacia la dirección que el médico le había dado para chequear personalmente.
Al llegar a Fifth Helena Nº 12305 vio que el portón de la entrada estaba abierto y había varios autos estacionados frente a la casa. Clemmons llamó a la puerta, pasó un minuto completo, oyó pasos y cuchicheos y, finalmente, el ama de llaves, Eunice Murray, abrió.
El cuerpo de Marilyn estaba en su habitación, sobre la cama, tapado por completo con una sábana. Sólo asomaba un mechón de cabello rubio. Había dos hombres allí: el doctor Engelberg y el doctor Greenson que inmediatamente señaló el frasco vacío de Nembutal en la mesa de luz, diciendo: “Tomó todas éstas.” Clemmons notó que si bien había muchos frascos de pastillas allí, no había ningún vaso ni recipiente para líquidos, imprescindibles para tragar gran cantidad de pastillas. Clemmons apartó la sábana bajo la insistente mirada de los dos hombres. El cuerpo de Marilyn tenía moretones y estaba estirado boca abajo en una postura antinatural que él definió como “de soldado”: con la cabeza en la almohada y los brazos a los costados, el derecho levemente torcido, y las piernas rectas. Con una sobredosis, el cuerpo del suicida aparece contorsionado por las convulsiones y vómitos previos a la muerte.
El sargento preguntó si el cuerpo había sido movido y los doctores lo negaron. También negaron haber tratado de revivirla. Clemmons notó en Greenson una actitud inexplicablemente defensiva y desafiante.
El sargento notó más cosas extrañas. El lavarropas y la secadora estaban funcionando… en plena madrugada. La señora Murray (foto dcha.) que se veía asustada y muy nerviosa, le contó así lo sucedido esa noche:
Marilyn se había ido a su habitación a eso de las 20:00 hs. Por debajo de la puerta se veía la luz encendida. Murray supuso que estaba dormida o hablando por teléfono con alguien y se fue a dormir a las 10:00. A eso de las 24:00 se despertó para ir al baño y como vio que la luz de Marilyn seguía encendida, se preocupó. Llamó a la puerta, nadie contestó, trató de abrirla pero estaba cerrada por dentro.
Entonces, llamó al doctor Greenson, el psiquiatra de Marilyn, que llegó a la casa a las 24:30. Como no contestaba al aporreo de la puerta, el doctor salió al patio y miró desde la ventana. Vio a su paciente inmóvil en la cama. Rompió el vidrio de la ventana con un atizador, entró y le abrió la puerta a la señora Murray, diciendo: “La hemos perdido”.
A Clemmons la historia le sonó preparada. Además, si todo eso había sucedido cerca de la medianoche no entendía por qué habían tardado cuatro horas en llamar a la policía. Los doctores adujeron que primero tenían que llamar al departamento de publicidad de la 20th Century Fox y que durante esas cuatro horas ellos dos se habían dedicado a “conversar”. Conversar sobre qué, quiso saber el policía, pero los doctores no contestaron nada preciso.
El sargento les hizo notar la ausencia de vasos en la habitación y juntos se pusieron a buscar. No encontraron nada. Clemmons descubrió, además, que en el baño de la habitación no había agua por la remodelación de la casa. Así que si Marilyn se había encerrado, ¿de dónde sacó el agua para tomar las pastillas? El doctor Greenson contó una historia idéntica a la de Murray excepto por un detalle que llamó la atención del policía. Greenson dijo que Marilyn tenía el teléfono en la mano derecha cuando murió, que él se lo sacó y añadió que seguramente estaba llamando para pedir auxilio. A Clemmons le pareció absurdo que Marilyn pidiera ayuda por teléfono teniendo a su ama de llaves a pocos metros. Excepto, claro, que no pudiera confiar en quien o quienes estaban en su casa esa noche.
Clemmons se retiró de allí convencido de que no le habían dicho la verdad. Uno de los elementos extraños y cruciales que notó en el lugar, la ausencia de vasos en la habitación, fue subsanado cuando él se fue. En las fotos tomadas poco después por la policía, sí aparece un vaso largo y oscuro junto a un pote de crema, en el suelo. La prueba fue plantada por alguno de los que se encontraban en la casa.