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Teléfono
descompuesto
Monroe
habló por teléfono con muchas personas a lo largo de ese
último sábado y,
en base a los testimonios de sus interlocutores, surge una imagen totalmente
contradictoria sobre cuál era su estado de ánimo y de lucidez
A
penas estaba empezando a amanecer, Monroe llamó a su amiga Jeanne
Carmen (foto izq.). "Me dijo que una mujer había estado toda
la noche llamando, insultándola y atormentándola, y que
luego colgaba. Otras veces, llamaba sin decir nada, y volvía a
colgar. Marilyn dijo que la voz le resultaba familiar, pero no podía
ponerle un nombre", cuenta Carmen. "Deja en paz a Bobby, sinvergüenza"
había dicho, entre otras cosas, la voz en el teléfono. Marilyn
estaba agotada y asustada. Le pidió a Jeanne que fuera a su casa,
que llevara pastillas y tomaran juntas un poco de vino. Pero su amiga
tenía planes porque era su cumpleaños así que rechazó
la invitación. Quedaron en hablar más tarde. 
Durante la mañana, el padre de Arthur Miller, Isadore, llamó
pero no pudo hablar con Marilyn. Le dijeron que se estaba vistiendo y
que después lo llamaría. Ella no lo hizo y eso le resultó
extraño porque siempre interrumpía cualquier cosa que estuviera
haciendo para atenderlo: se tenían un profundo cariño.
Su masajista, Ralph
Roberts, dice que Monroe lo llamó para pedirle que le consiguiera
un disco que aún no había salido a la venta, de un cantante
al que ella quería dar una mano. Quedaron en hablar por la tarde.
También habló con el periodista Sidney Skolsky (foto dcha.)
que la llamaba todos los fines de semana. A raíz de las confidencias
sobre Kennedy que anteriormente le había hecho, él puso
a su hija a escuchar desde otro teléfono. Sobre los planes para
esa noche, Marilyn dijo: "A lo mejor bajo a la playa. Todo el mundo
va a estar allí". Se refería a la casa de Peter Lawford
y esperaba ver allí a Robert Kennedy.
A las 16:00 ella llamó al doctor Greenson que al notarla deprimida
y drogada, acudió a su casa.
A las 18:30 llamó Ralph Roberts, como habían quedado. Atendió
el doctor Greenson y le dijo que Monroe no estaba. Roberts se extrañó
de que en la casa estuviera el psiquiatra y no su paciente pero se limitó
a dejar un mensaje.
A Joe DiMaggio que llamó dos veces durante la tarde, se le dijo
lo mismo hasta que, a eso de las 19:30, consiguió hablar con Monroe.
No la notó deprimida ni drogada. Al contrario, le pareció
que estaba muy contenta.
Entre las 19:00 y las 19:30 llamó Peter Lawford, como declaró
en 1962 a la policía y a la prensa. Dijo que Marilyn estaba deprimida
y drogada, y que perdió el conocimiento mientras hablaban.
A las 19:40 Marilyn llamó a Greenson a su casa para comentarle
su conversación con DiMaggio y el doctor también la notó
feliz.
A última hora de la tarde Marilyn llamó a su peluquero Sidney
Guilaroff. Según él, estaba aterrorizada
y, llorando histérica, le dijo que Robert Kennedy había
ido a su casa acompañado de Peter Lawford,
y que habían tenido una violenta discusión en la que Kennedy
la había amenazado.
Entre las 19:30 y las 20:00 aproximadamente, llamó el abogado Mickey
Rudin (supuestamente alertado a través del abogado de Lawford de
que algo andaba mal) para preguntar cómo estaba Marilyn. La señora
Murray le aseguró que estaba bien.
Entre las 20:00 y las 21:00 llamó Henry Rosenfeld, un amigo de
Nueva York, que habló con ella y le pareció que estaba cansada
pero lúcida y planeando su viaje a NY para participar en una fiesta
de un teatro el martes siguiente.
Cerca de las 21:00 ella llamó a Sidney Guilaroff, sonaba más
serena que en la primera llamada aunque todavía tenía miedo.
Marilyn terminó diciendo "¿Sabes, Sidney, yo conozco
un montón de secretos de los Kennedy". "¿Qué
clase de secretos?" preguntó él y, antes de colgar,
ella contestó: "Peligrosos".
También a
eso de las 21:00 Jeanne Carmen dice que Marilyn la llamó para pedirle
de nuevo que fuera a su casa esa noche porque tenía miedo. La notó
un poco nerviosa y cansada pero no drogada. Jeanne se disculpó
de nuevo por no poder ir. Dice que enseguida sonó de nuevo el teléfono
y no contestó, pensando que sería su amiga de nuevo.
Entre las 21:30 y las 22:00 la llamó Joe Bolaños, amigo
y amante, que la notó extraña. Dice que en un momento de
la conversación, ella dejó el tubo y nunca volvió
para seguir hablando.
Al día siguiente, Ralph Roberts se enteró de que a eso de
las 22:00 había llamado una mujer con una "voz que casi no
se entendía" preguntando por él. Cuando le dijeron
que Roberts no estaba, colgó.
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